Y aconteció que durante la noche Alma y su pueblo juntaron sus rebaños y también parte de su grano; sí, toda la noche estuvieron reuniendo sus rebaños.
Y en la mañana el Señor hizo que cayera un profundo sueño sobre los lamanitas; sí, y todos sus capataces se hallaban profundamente dormidos.
Y Alma y su pueblo partieron para el desierto; y luego que hubieron viajado todo el día, plantaron sus tiendas en un valle, y dieron al valle el nombre de Alma, porque él los guio por el desierto. Sí, y en el valle de Alma expresaron efusivamente sus gracias a Dios porque había sido misericordioso con ellos, y aliviado sus cargas, y los había librado del cautiverio; porque estaban en servidumbre, y nadie podía librarlos sino el Señor su Dios. Y dieron gracias a Dios, sí, todos sus hombres y todas sus mujeres y todos sus niños que podían hablar elevaron sus voces en alabanzas a su Dios.
Y ahora el Señor dijo a Alma: Date prisa, y sal tú y este pueblo de esta tierra, porque los lamanitas han despertado y te persiguen; por tanto, sal de esta tierra, y yo detendré a los lamanitas en este valle para que no persigan más a este pueblo.
Y aconteció que salieron del valle y emprendieron su viaje por el desierto.
Y después de haber estado en el desierto doce días, llegaron a la tierra de Zarahemla; y el rey Mosíah también los recibió con gozo.