Ahora bien, siendo Ammón el principal entre ellos, o más bien él les ministraba, se separó de ellos después de haberlos bendecido según sus varias circunstancias, habiéndoles comunicado la palabra de Dios, o ministrado a ellos antes de su partida; y así iniciaron sus respectivos viajes por el país. Y Ammón fue a la tierra de Ismael, que así se llamaba por los hijos de Ismael, los cuales también se hicieron lamanitas.
Y al entrar Ammón en la tierra de Ismael, los lamanitas lo tomaron y lo ataron como acostumbraban atar a todos los nefitas que caían en sus manos y llevarlos ante el rey; y así se dejaba al gusto del rey matarlos, o retenerlos en el cautiverio, o echarlos en la cárcel, o desterrarlos, según su voluntad y placer. Y así Ammón fue llevado ante el rey que gobernaba en la tierra de Ismael; y se llamaba Lamoni, y era descendiente de Ismael.
Y el rey preguntó a Ammón si era su deseo vivir en esa tierra entre los lamanitas, o sea, entre el pueblo del rey. Y le dijo Ammón:
”Sí; deseo morar entre este pueblo por algún tiempo;
sí, y quizá hasta el día que muera.”
Y sucedió que el rey Lamoni quedó muy complacido con Ammón, e hizo que le soltaran las ligaduras; y quería que él tomara por esposa a una de sus hijas.
Mas le dijo Ammón:
“No, sino seré tu siervo.”
Por tanto, Ammón se hizo siervo del rey Lamoni. Y sucedió que lo pusieron con otros siervos para que cuidara los rebaños de Lamoni, según la costumbre de los lamanitas.