Y aconteció que el rey Lamoni hizo que sus siervos se presentaran y testificaran de todas las cosas que habían visto concernientes al asunto. Y cuando todos hubieron dado testimonio de lo que habían presenciado, y el rey se enteró de la fidelidad de Ammón al defender sus rebaños, y también de su gran poder en luchar contra aquellos que trataron de matarlo, se asombró en extremo y dijo:
Seguramente es algo más que un hombre. He aquí, ¿no será este el Gran Espíritu, que envía tan grandes castigos sobre este pueblo por motivo de sus asesinatos?
Y esta era la tradición de Lamoni, la cual había recibido de su padre, que había un Gran Espíritu. Pero a pesar de que creían que había un Gran Espíritu, suponían que todo lo que hacían era justo; no obstante, Lamoni empezó a temer en sumo grado por miedo de haber hecho mal con matar a sus siervos;
Y respondieron ellos al rey, y dijeron esto: Si es el Gran Espíritu o un hombre, no sabemos; mas esto sí sabemos, que los enemigos del rey no lo pueden matar; ni pueden esparcir los rebaños del rey cuando él se halla con nosotros, por causa de su destreza y gran fuerza; por tanto, sabemos que es amigo del rey. Y ahora bien, ¡oh rey!, no creemos que un hombre tenga tanto poder, pues sabemos que no se le puede matar.
Y cuando el rey oyó estas palabras, les dijo:
“Ahora sé que es el Gran Espíritu; y ha descendido en esta ocasión para preservar vuestras vidas, a fin de que no os matara como lo hice con vuestros hermanos. Este es el Gran Espíritu de quien han hablado nuestros padres.”
Y sucedió que el rey Lamoni preguntó a sus siervos, diciendo: ¿En dónde está este hombre que tiene tan grande poder?
Y le dijeron:
He aquí, está dando de comer a tus caballos. Ahora bien, antes que salieran a abrevar sus rebaños, el rey había mandado a sus siervos que prepararan sus caballos y carros y lo llevaran a la tierra de Nefi; porque el padre de Lamoni, que era el rey de toda esa tierra, había mandado preparar una gran fiesta en la tierra de Nefi.
Y cuando oyó el rey Lamoni que Ammón estaba preparando sus caballos y sus carros, se asombró más a causa de la fidelidad de Ammón, y dijo:
Ciertamente no ha habido entre todos mis siervos ninguno que haya sido tan fiel como este hombre; pues se acuerda de todas mis órdenes para ejecutarlas.
Ahora de seguro sé que es el Gran Espíritu, y quisiera que viniese a verme, pero no me atrevo.