La misión de los Hijos de Mosiah con los Lamanitas

La conversión de la casa real

Alma 19:11

La reina espera con el rey hasta la mañana: el momento que Ammon dijo que se levantaría.

Y sucedió que ella veló cerca de la cama de su marido, desde ese momento hasta la hora del día siguiente que Ammón había señalado para que él se levantara.

Alma 19:12

Por la mañana, el rey se levanta y proclama su conversión y conocimiento acerca de su Redentor.

Y sucedió que se levantó, según las palabras de Ammón; y al levantarse, extendió la mano hacia la mujer, y le dijo:

¡Bendito sea el nombre de Dios, y bendita eres tú! Porque ciertamente como tú vives, he aquí, he visto a mi Redentor; y vendrá, y nacerá de una mujer, y redimirá a todo ser humano que crea en su nombre.

Alma 19:13

Él cae de nuevo, esta vez de alegría— la reina hace lo mismo.

Y cuando hubo dicho estas palabras, se le hinchió el corazón, y cayó otra vez de gozo; y cayó también la reina, dominada por el Espíritu.

Alma 19:14

Ammon, al ver el efecto del poder de Dios, se arrodilla, ofreciendo una oración de agradecimiento.

Y viendo Ammón que el Espíritu del Señor se derramaba, según sus oraciones, sobre los lamanitas, sus hermanos, que habían sido la causa de tanta tristeza entre los nefitas, o sea, entre todo el pueblo de Dios, por motivo de sus iniquidades y de sus tradiciones, cayó él de rodillas y empezó a derramar su alma en oración y acción de gracias a Dios por lo que había hecho por sus hermanos; y también cayó, dominado de gozo; de modo que los tres habían caído a tierra.

Alma 19:15–16

Toda la familia sigue el mismo camino, todos excepto una mujer, Abis, que ya había sido convertida espiritualmente por su cuenta algún tiempo antes.

Ahora bien, cuando los siervos del rey vieron que habían caído, empezaron también a clamar a Dios, porque el temor del Señor se había apoderado de ellos también, pues eran los que se habían presentado delante del rey y le habían testificado del gran poder de Ammón.

Y sucedió que invocaron con ahínco el nombre del Señor, hasta que todos hubieron caído a tierra, salvo una mujer lamanita cuyo nombre era Abish, la cual se había convertido al Señor muchos años antes a causa de una notable visión de su padre;