La misión de los Hijos de Mosiah con los Lamanitas

Revuelta, Ataque y Conversión de Ciudadanos Incrédulos

Alma 24:20

Los lamanitas no convertidos comienzan un golpe de estado contra el rey convertido y sus súbditos.

Y sucedió que sus hermanos, los lamanitas, hicieron los preparativos para la guerra, y llegaron a la tierra de Nefi con la intención de destruir al rey y poner a otro en su lugar, y también destruir al pueblo de Anti-Nefi-Lehi en toda la tierra.

Alma 24:21–22

Los conversos, habiendo jurado no luchar, caen impotentes al suelo y son masacrados por los insurgentes.

Ahora bien, cuando los del pueblo vieron que venían contra ellos, salieron a encontrarlos, y se postraron hasta la tierra ante ellos y empezaron a invocar el nombre del Señor; y en esta actitud se hallaban cuando los lamanitas empezaron a caer sobre ellos y a matarlos con la espada.

Y así, sin encontrar resistencia alguna, mataron a mil y cinco de ellos; y sabemos que son benditos, porque han ido a morar con su Dios.

Alma 24:23–24

Muchos soldados insurgentes, al ver cómo los creyentes se sacrifican a sí mismos sin resistencia, se conmueven profundamente y cesan el ataque.

Y cuando los lamanitas vieron que sus hermanos no huían de la espada, ni se volvían a la derecha ni a la izquierda, sino que se tendían y perecían, y alababan a Dios aun en el acto mismo de perecer por la espada, sí, cuando los lamanitas vieron esto, se abstuvieron de matarlos; y hubo muchos cuyos corazones se habían conmovido dentro de ellos por los de sus hermanos que habían caído por la espada, pues se arrepintieron de lo que habían hecho.

Alma 24:25

Agobiados por su culpa debido a sus actos despiadados de guerra, los soldados se arrepienten y deciden unirse a los conversos.

Y aconteció que arrojaron al suelo sus armas de guerra y no las quisieron volver a tomar, porque los atormentaban los asesinatos que habían cometido; y se postraron, igual que sus hermanos, confiando en la clemencia de aquellos que tenían las armas alzadas para matarlos.

Alma 24:26–27

Más de mil soldados siguen su ejemplo, y la cantidad de soldados convertidos supera el número de bajas.

Y sucedió que el número de los que se unieron al pueblo de Dios aquel día fue mayor que el de los que habían sido muertos; y aquellos que habían muerto eran personas justas; por tanto, no tenemos razón para dudar que se salvaron.

Y no había un solo hombre inicuo entre los que perecieron; pero hubo más de mil que llegaron al conocimiento de la verdad; así vemos que el Señor obra de muchas maneras para la salvación de su pueblo.

Alma 24:28–30

Los guerreros más endurecidos eran los Amalekitas y los Amulonitas que no se unieron a los conversos.

Y la mayoría de los lamanitas que mataron a tantos de sus hermanos eran amalekitas y amulonitas, de los cuales la mayor parte pertenecía a la orden de los nehores. Y entre los que se unieron al pueblo del Señor, no hubo ninguno que fuese amalekita o amulonita, o que perteneciese a la orden de Nehor, sino que eran descendientes directos de Lamán y Lemuel.

Y así podemos discernir claramente que después que un pueblo ha sido iluminado por el Espíritu de Dios, y ha poseído un gran conocimiento de las cosas concernientes a la rectitud, y entonces cae en el pecado y la transgresión, llega a ser más empedernido, y así su condición es peor que si nunca hubiese conocido estas cosas.