Y sucedió que se lo llevaron y lo ataron; y torturaron su carne con brasas, sí, hasta la muerte. Y cuando las llamas empezaban a quemarlo, clamó a ellos, diciendo:
He aquí, así como habéis obrado conmigo, así acontecerá que vuestros descendientes harán que muchos padezcan los dolores que yo padezco, sí, los dolores de la muerte por fuego; y esto porque creen en la salvación del Señor su Dios.
Y ocurrirá que vosotros seréis afligidos con toda clase de enfermedades, a causa de vuestras iniquidades. Sí, y seréis heridos por todos lados, y seréis echados y dispersados de un lado al otro, así como una manada de ganado silvestre es acosada por salvajes y feroces bestias.
Y en aquel día os cazarán, y caeréis en manos de vuestros enemigos; y entonces padeceréis, así como yo padezco, los dolores de la muerte por fuego. Así ejecuta Dios su venganza sobre aquellos que destruyen a su pueblo.
¡Oh Dios, recibe mi alma!
Y ahora bien, cuando Abinadí hubo dicho estas palabras, cayó, habiendo padecido la muerte por fuego; sí, habiéndosele ejecutado porque no quiso negar los mandamientos de Dios, habiendo sellado la verdad de sus palabras con su muerte.