Ahora bien, el rey Mosíah había dado a Alma la autoridad sobre la iglesia.
Y aconteció que el rey Mosíah le concedió a Alma que estableciera iglesias por toda la tierra de Zarahemla, y le dio poder para ordenar sacerdotes y maestros en cada iglesia.
Ahora bien, se hizo así porque era tanta la gente, que un solo maestro no podía dirigirla; ni todos podían oír la palabra de Dios en una asamblea; se reunían, pues, en diferentes grupos llamados iglesias; y cada iglesia tenía sus sacerdotes y sus maestros; y todo sacerdote predicaba la palabra según le era comunicada por boca de Alma.
Y así, a pesar de que había muchas iglesias, todas eran una, sí, la iglesia de Dios; porque nada se predicaba en todas ellas sino el arrepentimiento y la fe en Dios. Ahora pues, eran siete las iglesias que había en la tierra de Zarahemla.
Y sucedió que quienes deseaban tomar sobre sí el nombre de Cristo, o sea, el de Dios, se unían a las iglesias de Dios;