Porque yo andaba con los hijos de Mosíah, tratando de destruir la iglesia de Dios; mas he aquí, Dios envió a su santo ángel para detenernos en el camino. Y he aquí, nos habló como con voz de trueno, y toda la tierra tembló bajo nuestros pies; y todos caímos al suelo porque el temor del Señor nos sobrevino. Mas he aquí, la voz me dijo: ¡Levántate! Y me levanté y me puse de pie y vi al ángel. Y me dijo:
A menos que tú, por ti mismo, quieras ser destruido,
no trates más de destruir la iglesia de Dios.