Y aconteció que cuando Moroni hubo recibido esta epístola, su corazón cobró ánimo y se llenó de un gozo sumamente grande a causa de la fidelidad de Pahorán, de que no era él también un traidor a la libertad ni a la causa de su patria. Pero también se afligió en extremo por la iniquidad de los que habían desalojado a Pahorán del asiento judicial; sí, en una palabra, por motivo de aquellos que se habían sublevado contra su país y también contra su Dios.