Y aconteció que se levantaron y ministraron al pueblo. Y cuando hubieron ministrado las mismas palabras que Jesús había hablado, sin variar en nada las palabras que Jesús había hablado, he aquí, se arrodillaron de nuevo y oraron al Padre en el nombre de Jesús. Y oraron por lo que más deseaban; y su deseo era que les fuese dado el Espíritu Santo.