En el año en que murió el rey Uzías,
vi también al Señor sentado sobre un trono alto y enaltecido,
y las faldas de su ropa llenaban el templo.
Encima del trono estaban los serafines;
cada uno de ellos tenía seis alas;
con dos se cubrían el rostro,
con dos los pies,
y con dos volaban.
Y el uno exclamaba al otro, diciendo:
¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos;
toda la tierra está llena de su gloria!
Y a la voz del que clamaba, se estremecieron los quiciales de las puertas,
y la casa se llenó de humo.