Y aconteció que Limhi y su pueblo volvieron a la ciudad de Nefi, y nuevamente empezaron a habitar la tierra en paz. Y aconteció que después de muchos días, los lamanitas empezaron otra vez a incitarse a la ira contra los nefitas, y empezaron a introducirse por las fronteras de la tierra circunvecina.
Ahora bien, no se atrevían a matarlos, a causa del juramento que su rey había hecho a Limhi; pero los golpeaban en las mejillas e imponían su autoridad sobre ellos; y empezaron a poner pesadas cargas sobre sus hombros, y a arrearlos como lo harían a un mudo asno. Sí, se hizo todo esto para que se cumpliera la palabra del Señor. Y las aflicciones de los nefitas eran grandes; y no había manera de que se libraran de las manos de los lamanitas, porque estos los habían cercado por todos lados.