Por tanto, sabiendo yo que el Señor Dios podía preservar nuestros anales, le suplicaba continuamente, pues él me había dicho:
”Cualquier cosa que pidas con fe,
creyendo que recibirás
en el nombre de Cristo,
la obtendrás.”
Y yo tenía fe, y le imploré al Señor que preservara los anales; e hizo convenio conmigo de que los haría llegar a los lamanitas en el propio y debido tiempo de él.