Y pronto iré al lugar de mi reposo, que es con mi Redentor, porque sé que en él reposaré. Y me regocijo en el día en que mi ser mortal se vestirá de inmortalidad, y estaré delante de él; entonces veré su faz con placer, y él me dirá:
Ven a mí, tú, que bendito eres;
hay un lugar preparado para ti
en las mansiones de mi Padre. Amén.