Y aconteció que les dijo:
He aquí las aguas de Mormón
(porque así se llamaban); y ya que deseáis entrar en el redil de Dios y ser llamados su pueblo,
y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras;
sí, y estáis dispuestos a llorar con los que lloran;
sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo,
y ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis,
aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios,
y seáis contados con los de la primera resurrección,
para que tengáis vida eterna;