Y sucedió que cuando Aarón hubo dicho estas palabras, el rey se inclinó de rodillas ante el Señor, sí, se postró hasta el polvo, y clamó fuertemente diciendo:
¡Oh Dios!, Aarón me ha dicho que hay un Dios;
y si hay un Dios,
y si tú eres Dios,
¿te darías a conocer a mí?,
y abandonaré todos mis pecados para conocerte,
y para que sea levantado de entre los muertos y sea salvo en el postrer día.