Y hubo algunos que murieron de fiebres, que en ciertas épocas del año eran muy frecuentes en el país—pero no murieron tantos de las fiebres, por razón de las excelentes cualidades de las muchas plantas y raíces que Dios había preparado para destruir la causa de aquellas enfermedades, a las cuales la gente estaba sujeta por la naturaleza del clima— pero hubo muchos que murieron de vejez; y los que murieron en la fe de Cristo son felices en él, como debemos suponer.