Y he aquí, esto se hizo de noche, de modo que al despertar los lamanitas a la mañana siguiente, vieron que estaban cercados por los nefitas por fuera, y que por dentro sus prisioneros estaban armados. Y así vieron que los nefitas los tenían en su poder; y en estas circunstancias comprendieron que no era conveniente que pelearan contra los nefitas; de modo que sus capitanes en jefe les pidieron sus armas de guerra, y las llevaron y las echaron a los pies de los nefitas, pidiendo misericordia.