Decadencia y caída nefita

Ministerio de Moroni y Extinción nefita

Words of Mormon 1–2, Ether 1:2

Mormón entrega sus planchas de oro, junto con las planchas de Éter, a su hijo Moroni.

Y ahora bien, yo, Mormón, estando a punto de entregar en manos de mi hijo Moroni los anales que he estado haciendo, he aquí que he presenciado casi toda la destrucción de mi pueblo, los nefitas.

Y es después de muchos siglos de la venida de Cristo, cuando entrego estos anales en manos de mi hijo; y supongo que él presenciará la completa destrucción de los de mi pueblo. Pero Dios conceda que él les sobreviva, a fin de que escriba algo concerniente a ellos, y un poco concerniente a Cristo, para que tal vez algún día pueda beneficiarlos.


Y tomo mi relación de las veinticuatro planchas que encontró el pueblo de Limhi; y se llama el Libro de Éter.

Mormon 8:2

Los nefitas supervivientes son cazados y asesinados por los lamanitas.

Sucedió, pues, que tras la grande y tremenda batalla en Cumorah, he aquí, los lamanitas persiguieron a los nefitas que se habían escapado a las tierras del sur, hasta que todos fueron destruidos.

Mormon 8:3

Los lamanitas persiguen a Mormón y lo matan; Moroni queda solo para terminar el triste relato de su pueblo.

Y mi padre también murió a manos de ellos, y yo quedo solo para escribir el triste relato de la destrucción de mi pueblo. Mas he aquí, han desaparecido, y yo cumplo el mandamiento de mi padre. Y no sé si me matarán o no.

Mormon 8:5

Moroni se da cuenta de la difícil situación en la que se encuentra, pero quiere completar el registro.

He aquí, mi padre ha preparado estos anales, y ha escrito el objeto de ellos. Y he aquí, yo también lo escribiría, si tuviera espacio en las planchas; pero no lo tengo, y mineral no tengo, porque me hallo solo. Mi padre ha sido muerto en la batalla, y todos mis parientes, y no tengo amigos ni adónde ir; y cuánto tiempo el Señor permitirá que yo viva, no lo sé.

Mormon 8:6–7

Han pasado cuatro siglos desde la visita de Cristo, y ahora, todos los nefitas están muertos.

He aquí, han pasado cuatrocientos años desde la venida de nuestro Señor y Salvador. Y he aquí, los lamanitas han perseguido a mi pueblo, los nefitas, de ciudad en ciudad y de lugar en lugar, hasta que no existen ya; y grande ha sido su caída; sí, grande y asombrosa es la destrucción de mi pueblo, los nefitas.

Mormon 8:8

Los lamanitas ahora comienzan a luchar entre ellos; toda la superficie de la tierra es una zona de guerra mortífera.

Y he aquí, es la mano del Señor lo que lo ha hecho. Y he aquí, también los lamanitas están en guerra unos contra otros; y toda la superficie de esta tierra es un ciclo continuo de asesinatos y de derramamiento de sangre; y nadie sabe el fin de la guerra.

Mormon 8:9–11

Aparte de Moroni, solo quedan los lamanitas y los ladrones de Gadiantón, y ellos no tienen conocimiento del evangelio.

Y he aquí, no digo más de ellos, porque ya no hay sino lamanitas y ladrones que existen sobre la faz de la tierra. Y no hay quien conozca al verdadero Dios salvo los discípulos de Jesús, quienes permanecieron en la tierra hasta que la iniquidad de la gente fue tan grande que el Señor no les permitió permanecer con el pueblo; y nadie sabe si están o no sobre la faz de la tierra. Mas he aquí, mi padre y yo los hemos visto, y ellos nos han ministrado.

Moroni 10:2, Ether 4:5, Title Page, Mormon 8:4, 14

Después de añadir sus comentarios, Moroni toma el registro y lo esconde junto con los “intérpretes”, con la esperanza de que llegue el día en que este será sacado a la luz.

Y sello estos anales, después que os haya hablado unas palabras por vía de exhortación.


Y me mandó que las sellara; y también me ha mandado que selle su interpretación; así que he sellado los intérpretes, de acuerdo con el mandamiento del Señor.


...Sellado por la mano de Moroni, y escondido al Señor, para que salga a luz en el tiempo debido por medio de los gentiles...


Por tanto, escribiré y esconderé los anales en la tierra; y no importa a dónde yo vaya.


Y soy el mismo que esconde esta historia para los fines del Señor; mas las planchas en que se halla no tienen ningún valor, por causa del mandamiento del Señor. Porque él ciertamente dice que nadie las obtendrá para lucrar; mas la historia que contienen es de gran valor, y a aquel que la saque a luz, el Señor lo bendecirá.