Decadencia y caída nefita

Dos ataques lamanitas en la desolación

Mormon 3:4

El rey lamanita envía una carta a Mormón, e informa que van a ir a la guerra.

Y aconteció que después de haber pasado este décimo año, haciendo, en total, trescientos sesenta años desde la venida de Cristo, el rey de los lamanitas me envió una epístola en la que me hizo saber que se estaban preparando para venir de nuevo a la batalla contra nosotros.

Mormon 3:5–6

Mormón reúne a todo su pueblo en Desolación; los Nefitas fortifican su tierra tanto como es posible.

Y sucedió que hice que mi pueblo se congregara en la tierra de Desolación, en una ciudad que se hallaba en las fronteras, cerca del pasaje estrecho que conducía a la tierra del sur. Y allí situamos a nuestros ejércitos para detener los ejércitos de los lamanitas, para que no se apoderaran de ninguna de nuestras tierras; por tanto, nos fortificamos contra ellos con toda nuestra fuerza.

Mormon 3:7

Los lamanitas llegan, se desata una batalla y los nefitas salen victoriosos—los lamanitas se retiran y vuelven a su propia tierra.

Y aconteció que en el año trescientos sesenta y uno, los lamanitas llegaron a la ciudad de Desolación para luchar contra nosotros; y sucedió que los derrotamos ese año, de manera que se volvieron a sus propias tierras.

Mormon 3:8

Dos años después, los lamanitas atacan de nuevo, y son derrotados otra vez.

Y en el año trescientos sesenta y dos, volvieron otra vez a la batalla; y de nuevo los derrotamos, y matamos a un gran número de ellos, y sus muertos fueron arrojados al mar.

Mormon 3:9–10

Los nefitas, orgullosos de sus victorias, comienzan a jactarse de su propia fuerza y juran vengar a aquellos nefitas que murieron en la batalla.

Ahora bien, por motivo de esta cosa notable que mi pueblo, los nefitas, había logrado, empezaron a jactarse de su propia fuerza, y comenzaron a jurar ante los cielos que vengarían la sangre de sus hermanos que habían sido muertos por sus enemigos. Y juraron por los cielos, y también por el trono de Dios, que irían a la batalla contra sus enemigos, y los talarían de sobre la faz de la tierra.