El Período de Gadiantón

Conflicto de Gadiantón con los nefitas

3 Nephi 2:10–11

La maldad continúa abundando y las fuerzas de Gadiantón siguen aumentando hasta el punto en que los nefitas y los lamanitas se ven obligados a unirse y contraatacar.

Y sucedió que a pesar de las muchas predicaciones y profecías que se difundieron entre ellos, el pueblo perseveró en su iniquidad; y así pasó también el año décimo; y el año once igualmente pasó en la iniquidad. Y sucedió que en el año trece empezó a haber guerras y contiendas por toda la tierra; porque los ladrones de Gadiantón se habían hecho tan numerosos, y mataban a tantos de los del pueblo, y asolaban tantas ciudades, y causaban tanta mortandad y estragos por toda la tierra, que fue menester que todo el pueblo, nefitas así como lamanitas, tomase las armas contra ellos.

3 Nephi 2:12–16

Los lamanitas convertidos se unen a los nefitas; se les quita la maldición y se vuelven justos.

Por tanto, todos los lamanitas que se habían convertido al Señor se unieron a sus hermanos, los nefitas, y se vieron obligados, para proteger sus vidas, y a sus mujeres y sus hijos, a tomar las armas contra aquellos ladrones de Gadiantón; sí, y también para preservar sus derechos, y los privilegios de su iglesia y de su adoración a Dios, y su independencia y su libertad.

Y sucedió que antes que hubiese concluido este año trece, amenazó a los nefitas una destrucción completa a causa de esta guerra, que había llegado a ser grave en extremo. Y aconteció que aquellos lamanitas que se habían unido con los nefitas fueron contados entre estos. Y les fue quitada su maldición, y su piel se tornó blanca como la de los nefitas; y sus jóvenes varones y sus hijas llegaron a ser sumamente bellos, y fueron contados entre los nefitas, y fueron llamados nefitas. Y así concluyó el año trece.

3 Nephi 2:17–19

Los nefitas luchan y logran recuperar parte de su territorio.

Y sucedió que al empezar el año catorce continuó la guerra entre los ladrones y el pueblo de Nefi, y se agravó en extremo; no obstante, los nefitas aventajaron en algo a los bandidos, al grado de que los echaron de sus tierras a las montañas y a sus escondrijos. Y así concluyó el año catorce. Y en el año quince vinieron contra el pueblo de Nefi; y debido a la iniquidad de los nefitas, y sus muchas contenciones y disensiones, los ladrones de Gadiantón lograron aventajarlos de muchas maneras. Y así concluyó el año quince, y así se encontraba el pueblo en un estado de muchas aflicciones; y la espada de la destrucción se cernía sobre ellos, al grado de que estaban a punto de ser heridos por ella; y esto a causa de su iniquidad.

3 Nephi 3:1–10

Lacónio recibe una carta de Giddiani, el líder de los Gadiantón, invitándolo a él y a su pueblo a unirse a la banda de Gadiantón y amenazando con destruirlos si se niega.

Y sucedió que en el año dieciséis desde la venida de Cristo, Laconeo, gobernador de la tierra, recibió una epístola del jefe y caudillo de esta banda de ladrones; y estas eran las palabras que habían sido escritas, y decían:

3 Nephi 3:11–12

Lacónio está preocupado por la amenaza e insta a su pueblo a orar fervientemente por la fortaleza para resistir el ataque de Giddiani.

Y aconteció que cuando Laconeo recibió esta epístola, se asombró en extremo por motivo de la audacia de Giddiani en exigir la tierra de los nefitas, y también en amenazar al pueblo y vengar los agravios de aquellos que jamás habían recibido agravio alguno, a no ser que se hubieran agraviado a sí mismos pasándose a aquellos perversos y abominables ladrones.

Mas he aquí, este Laconeo, el gobernador, era un hombre justo, y no se amedrentó por las amenazas y demandas de un ladrón; por tanto, no hizo caso de la epístola de Giddiani, el caudillo de los ladrones, antes bien, hizo que su pueblo le suplicara fuerza al Señor, para cuando los ladrones descendieran contra ellos.

3 Nephi 3:13–16

Lacónio ordena que todos los nefitas y lamanitas reúnan todo y a todos en un lugar central; les advierte que se arrepientan para ser salvados.

Sí, envió una proclamación entre todo el pueblo de que juntasen a sus mujeres y a sus hijos, sus hatos y sus rebaños y toda su substancia, excepto sus terrenos, en un lugar. E hizo que se construyeran fortificaciones alrededor de ellos, y que la fuerza de ellas fuese grande en extremo; e hizo que los ejércitos, tanto de los nefitas como de los lamanitas, o sea, de todos los que se contaban entre los nefitas, se colocasen alrededor como guardias para vigilarlos y para protegerlos de los ladrones día y noche. Sí, y les dijo: Así como vive el Señor, a menos que os arrepintáis de todas vuestras iniquidades, e imploréis al Señor, de ningún modo seréis librados de las manos de esos ladrones de Gadiantón. Y tan grandes y maravillosas fueron las palabras y las profecías de Laconeo, que infundieron temor en todo el pueblo; y se esforzaron con todo su vigor por obrar de acuerdo con las palabras de Laconeo.

3 Nephi 3:17–19

Lacónio coloca guardias alrededor del área central y sitúa a un hombre justo llamado Gidgiddoni al mando de los guardias.

Y sucedió que Laconeo nombró capitanes en jefe sobre todos los ejércitos de los nefitas para que los dirigiesen en la ocasión en que los ladrones salieran del desierto en contra de ellos. Y fue nombrado el que había de ser el principal de todos los capitanes en jefe y comandante supremo de todos los ejércitos de los nefitas, y se llamaba Gidgiddoni.

Y era costumbre entre todos los nefitas escoger como capitanes en jefe (salvo en sus épocas de iniquidad) a alguno que tuviese el espíritu de revelación y también de profecía; por tanto, este Gidgiddoni era un gran profeta entre ellos, como también lo era el juez superior.

3 Nephi 3:20

La gente insta a Gidgiddoni a iniciar un ataque contra los ladrones de Gadiantón en sus tierras.

Y el pueblo dijo a Gidgiddoni:

“Ora al Señor, y subamos a las montañas y al desierto para caer sobre los ladrones y destruirlos en sus propias tierras.”

3 Nephi 3:21

Gidgiddoni se niega e insiste en liderar una táctica militar defensiva.

Pero Gidgiddoni les dijo: No lo permita el Señor; porque si marchásemos contra ellos, el Señor nos entregaría en sus manos; por consiguiente, nos prepararemos en el centro de nuestras tierras y reuniremos a todos nuestros ejércitos; y no saldremos en contra de ellos, sino que esperaremos hasta que vengan contra nosotros; por tanto, así como vive el Señor que si así lo hacemos, él los entregará en nuestras manos.