Y los de esta combinación secreta, que habían traído tan grande iniquidad sobre el pueblo, se reunieron y pusieron a la cabeza de ellos a un hombre que llamaban Jacob; y lo llamaron su rey; por tanto, quedó constituido en rey de esta banda perversa; y era uno de los principales que habían alzado la voz contra los profetas que testificaron de Jesús.
Y sucedió que no eran tan fuertes en número como lo eran las tribus del pueblo, que se mantenían unidas, salvo que eran sus jefes los que establecían sus leyes, cada cual según su tribu; no obstante, eran enemigos; pero a pesar de que no eran una gente justa, estaban unidos, sin embargo, en su odio por los que habían hecho pacto para destruir el gobierno.
Por lo que Jacob, viendo que sus enemigos eran más numerosos que ellos, siendo rey de la banda, mandó, por tanto, a los de su pueblo que huyeran a la parte más lejana del norte, y allí establecieran un reino para sí mismos, hasta que se unieran a ellos los disidentes (porque los halagó, diciéndoles que habría muchos disidentes), y tuvieran la fuerza suficiente para luchar contra las tribus del pueblo; y así lo hicieron.
Y fue tan rápida su marcha, que no se pudo impedir hasta que ya habían avanzado fuera del alcance del pueblo. Y así concluyó el año treinta; y así se hallaban los asuntos del pueblo de Nefi.
Y aconteció que en el año treinta y uno se hallaban divididos en tribus, cada hombre según su familia, parientes y amigos; no obstante, habían llegado a un acuerdo de que no irían a la guerra unos contra otros; pero no estaban unidos en lo que concernía a sus leyes y su sistema de gobierno, porque se habían establecido según la voluntad de los que eran sus jefes y sus caudillos. Pero sí establecieron leyes muy estrictas de que una tribu no debía agraviar a otra; de modo que hasta cierto punto tuvieron paz en la tierra; no obstante, sus corazones se apartaron del Señor su Dios, y apedreaban a los profetas y los echaban fuera de entre ellos.