Y aconteció que todas estas cosas se habían efectuado para cuando concluyó el año sesenta y dos del gobierno de los jueces, y los lamanitas, la mayoría de ellos, se habían vuelto un pueblo justo, al grado de que su rectitud excedía a la de los nefitas, debido a su firmeza y su constancia en la fe.
Porque he aquí, había muchos de los nefitas que se habían vuelto insensibles e impenitentes y extremadamente inicuos, a tal extremo que rechazaban la palabra de Dios y toda predicación y profecía que llegaba entre ellos.
No obstante, los miembros de la iglesia se alegraron muchísimo por la conversión de los lamanitas, sí, por la iglesia de Dios que se había establecido entre ellos. Y unos y otros se hermanaron, y se regocijaron unos con otros, y sintieron gran gozo.
Y ocurrió que muchos de los lamanitas descendieron a la tierra de Zarahemla, y declararon a los nefitas la forma en que fueron convertidos, y los exhortaron a la fe y al arrepentimiento. Sí, y muchos predicaron con sumamente grande poder y autoridad, de modo que condujeron a muchos a la más profunda humildad, para ser los humildes discípulos de Dios y el Cordero.
Y sucedió que muchos de los lamanitas partieron para la tierra del norte; y Nefi y Lehi fueron también a la tierra del norte para predicar al pueblo. Y así concluyó el año sesenta y tres.