Y sucedió que Nefi—habiéndolo visitado ángeles, y también la voz del Señor; por tanto, habiendo visto ángeles, y siendo testigo ocular, y habiéndosele dado poder para saber concerniente al ministerio de Cristo, y siendo también testigo ocular del rápido retroceso del pueblo de la rectitud a sus iniquidades y abominaciones; afligido, pues, por la dureza de sus corazones y la ceguedad de sus mentes— salió entre ellos ese mismo año, y empezó a proclamar, osadamente, el arrepentimiento y la remisión de los pecados por medio de la fe en el Señor Jesucristo. Y les ministró muchas cosas a ellos; y no todas se pueden escribir, y parte de ellas no bastaría; por tanto, no se escriben en este libro. Y Nefi ministró con poder y gran autoridad.
Y aconteció que se enojaron con él, sí, porque tenía mayor poder que ellos; pues no era posible que descreyeran sus palabras, pues tan grande era su fe en el Señor Jesucristo que ángeles le ministraban diariamente. Y en el nombre de Jesús echaba fuera demonios y espíritus inmundos; y aun levantó a un hermano suyo de los muertos, después que el pueblo lo hubo apedreado y matado. Y el pueblo lo vio y lo presenció, y se irritó contra él a causa de su poder; y también obró él muchos otros milagros en el nombre de Jesús a la vista del pueblo.
Y aconteció que concluyó el año treinta y uno, y no hubo sino unos pocos que se convirtieron al Señor; pero cuantos se convirtieron, manifestaron en verdad al pueblo que los había visitado el poder y el Espíritu de Dios que había en Jesucristo, en quien creían. Y todos aquellos de quienes echaron demonios, y fueron sanados de sus enfermedades y sus dolencias, manifestaron con toda verdad al pueblo que el Espíritu de Dios había obrado en ellos, y que habían sido sanados; y también mostraron señales y efectuaron algunos milagros entre el pueblo.
Y así concluyó el año treinta y dos también. Y al principiar el año treinta y tres, Nefi clamó a los del pueblo, y les predicó el arrepentimiento y la remisión de pecados. Ahora bien, quisiera que recordaseis también, que no hubo ni uno de los que llegaron a arrepentirse que no fuese bautizado en el agua. Por tanto, Nefi ordenó a hombres a este ministerio, a fin de que cuantos viniesen a ellos fuesen bautizados en el agua; y esto como atestación y testimonio ante Dios, y para el pueblo, de que se habían arrepentido y habían recibido la remisión de sus pecados. Y hubo muchos, al comenzar este año, que se bautizaron para arrepentimiento; y así pasó la mayor parte del año.