El Período de Gadiantón

Las pérdidas y victorias nefitas

Helaman 4:11–13

Las derrotas de los nefitas fueron el resultado del orgullo, el egoísmo y la jactancia de los nefitas.

Ahora bien, ni estas grandes pérdidas para los nefitas ni la terrible mortandad que hubo entre ellos habrían acontecido, de no haber sido por su maldad y su abominación que había entre ellos; sí, y se hallaba también entre aquellos que profesaban pertenecer a la iglesia de Dios.

Y fue por el orgullo de sus corazones, por razón de sus inmensas riquezas, sí, fue a causa de haber oprimido a los pobres, negando su alimento a los que tenían hambre, y sus vestidos a los que estaban desnudos, e hiriendo a sus humildes hermanos en sus mejillas, burlándose de lo que era sagrado, negando el espíritu de profecía y de revelación, asesinando, robando, mintiendo, hurtando, cometiendo adulterio, levantándose en grandes contiendas y desertando y yéndose a la tierra de Nefi, entre los lamanitas.

Y a causa de su gran perversidad y su jactancia de su propio poder, fueron abandonados a su propia fuerza; de modo que no prosperaron, sino que los lamanitas los afligieron, e hirieron, y echaron delante de ellos, hasta que los nefitas habían perdido la posesión de casi todas sus tierras.

Helaman 4:14–17

Moroníah, Nefi y Lehi unen fuerzas para predicar el arrepentimiento a los Nefitas; a medida que la gente se arrepiente, Moroníah logra recuperar la mitad de sus tierras originales.

Pero he aquí, Moroníah predicó muchas cosas al pueblo por motivo de su iniquidad, y también Nefi y Lehi, que eran los hijos de Helamán, predicaron muchas cosas a los del pueblo, sí, y les profetizaron muchas cosas concernientes a sus iniquidades, y lo que les sobrevendría si no se arrepentían de sus pecados. Y sucedió que se arrepintieron; y a medida que se arrepentían, comenzaban a prosperar.

Porque cuando vio Moroníah que se arrepintieron, se aventuró a conducirlos de un lugar a otro, y de ciudad en ciudad, hasta que lograron recuperar la mitad de todas sus propiedades y la mitad de todas sus tierras. Y así concluyó el año sesenta y uno del gobierno de los jueces.