Y aconteció que en el año cuarenta y tres del gobierno de los jueces, no hubo contenciones entre el pueblo de Nefi, aparte de un poco de orgullo que se manifestó en la iglesia, lo que causó unas leves disensiones entre la gente, las cuales quedaron resueltas hacia fines del año cuarenta y tres. Y no hubo contención entre la gente durante el año cuarenta y cuatro; ni hubo mucha contención en el año cuarenta y cinco.
Y ocurrió que en el año cuarenta y seis, sí, hubo mucha contención y muchas disensiones, por las cuales hubo muchísimos que salieron de la tierra de Zarahemla, y se dirigieron a la tierra del norte, para heredar la tierra.
Y viajaron una inmensa distancia, a tal grado que llegaron a grandes extensiones de aguas y muchos ríos. Sí, y se esparcieron por todas partes de aquella tierra, por todos los parajes que no habían quedado desolados y sin madera, por motivo de los numerosos habitantes que habían heredado la tierra previamente.
Y no había parte del país que estuviese desolada, salvo por falta de madera; pero a causa de la inmensidad de la destrucción del pueblo que antes había habitado la tierra, la llamaron desolada. Y no había sino muy poca madera sobre la superficie de la tierra, por lo que la gente que fue allá se volvió sumamente experta en obras de cemento; por tanto, construyeron casas de cemento en las cuales habitaron.
Y sucedió que se multiplicaron y se extendieron, y salieron de la tierra del sur para la tierra del norte, y se diseminaron a tal grado que empezaron a cubrir la superficie de toda esa tierra, desde el mar del sur hasta el mar del norte, y desde el mar del oeste hasta el mar del este.
Y los que se hallaban en la tierra del norte vivían en tiendas y en casas de cemento, y dejaban crecer cuanto árbol brotara de la faz de la tierra, para que en lo sucesivo tuvieran madera para construir sus casas, sí, sus ciudades, y sus templos, y sus sinagogas, y sus santuarios, y toda clase de edificios.
Y aconteció que por estar tan sumamente escasa la madera en la tierra del norte, enviaban mucha por medio de embarcaciones. Y así habilitaron a la gente de la tierra del norte para que edificasen muchas ciudades, tanto de madera como de cemento. Y aconteció que muchos que eran del pueblo de Ammón, que eran lamanitas de nacimiento, partieron también para esa tierra.