Y aconteció que en el año sesenta y dos del gobierno de los jueces, Moroníah no pudo recuperar más posesiones de los lamanitas. De manera que abandonaron su proyecto de reconquistar el resto de sus tierras, porque tan numerosos eran los lamanitas, que les fue imposible a los nefitas sobrepujarlos; por lo que Moroníah puso a todos sus ejércitos a defender aquellas partes que él había tomado.
Y sucedió, por motivo de la magnitud del número de los lamanitas, que los nefitas temieron en gran manera, no fuese que los vencieran, y fueran hollados, y muertos y destruidos. Sí, empezaron a recordar las profecías de Alma, y también las palabras de Mosíah; y vieron que habían sido una gente dura de cerviz, y que habían despreciado los mandamientos de Dios; y que habían alterado y hollado con los pies las leyes de Mosíah, o sea, aquello que el Señor le mandó que diera al pueblo; y vieron que se habían corrompido sus leyes, y que ellos se habían vuelto un pueblo inicuo, a tal grado que eran inicuos a semejanza de los lamanitas.
Y por motivo de su iniquidad, la iglesia había empezado a decaer; y comenzaron a dejar de creer en el espíritu de profecía y en el espíritu de revelación; y los juicios de Dios se cernían sobre ellos. Y vieron que se habían vuelto débiles como sus hermanos los lamanitas, y que el Espíritu del Señor no los preservaba más; sí, se había apartado de ellos, porque el Espíritu del Señor no habita en templos impuros; por lo tanto, el Señor cesó de preservarlos por su milagroso e incomparable poder, porque habían caído en un estado de incredulidad y terrible iniquidad; y vieron que los lamanitas eran sumamente más numerosos que ellos, y que a menos que se allegaran al Señor su Dios, tendrían que perecer inevitablemente. Pues he aquí, vieron que la fuerza de los lamanitas era tan grande como la suya propia, hombre por hombre. Y de este modo habían caído en esta gran transgresión; sí, de esta manera se habían vuelto débiles, a causa de su transgresión, en el término de no muchos años.