Por lo tanto, así dice el Señor Dios de los Ejércitos:
Pueblo mío que moras en Sion,
no temas al asirio.
Con vara te herirá,
y levantará su palo contra ti a la manera de Egipto.
Mas de aquí a poco tiempo cesarán la indignación
y mi cólera para su destrucción.
Y el Señor de los Ejércitos levantará un azote contra él,
semejante a la matanza de Madián en la peña de Horeb;
y así como su vara fue sobre el mar,
así la levantará él a la manera de Egipto.
Y acontecerá en aquel día que será quitada su carga de sobre tus hombros,
y su yugo de tu cerviz;
y el yugo será destruido a causa de la unción.
Ha llegado hasta Ayat,
ha pasado a Migrón;
en Micmas ha guarecido sus carros.
Han pasado el paso;
se han alojado en Geba;
Ramá tiembla;
Gabaa de Saúl ha huido.
Alza la voz, ¡oh hija de Galim!
Haz que se oiga hasta Lais,
¡oh pobre Anatot!
Madmena ha sido abandonada;
los habitantes de Gebim se juntan para huir.
Aún permanecerá él ese día en Nob;
levantará su mano contra el monte de la hija de Sion,
el collado de Jerusalén.
He aquí, el Señor, Jehová de los Ejércitos, desgajará la rama con terror;
y serán talados los de gran estatura,
y los altivos serán humillados.
Y cortará con hierro las espesuras de los bosques,
y el Líbano caerá por mano de uno poderoso.