Venid, oh casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor; sí, venid, porque todos os habéis descarriado, cada cual por sus sendas de maldad.
Por lo que tú, oh Señor, has desamparado a tu pueblo,
la casa de Jacob,
porque llenos están de los modos de oriente,
y escuchan a los agoreros como los filisteos,
y con los hijos de extranjeros se enlazan.
Su tierra también está llena de plata y oro,
sus tesoros no tienen fin;
también su tierra está llena de caballos,
y sus carros son sin número.
Su tierra también está llena de ídolos;
adoran la obra de sus propias manos,
aquello que han hecho sus mismos dedos.
Y el hombre vil no se inclina,
ni el grande se humilla;
por tanto, no lo perdones.
¡Oh malvados,
meteos en la peña y escondeos en el polvo!
Porque el temor del Señor y la gloria de su majestad os herirán.
Y sucederá que
la mirada altiva del hombre será abatida,
y la soberbia de los hombres será humillada,
y solo el Señor será exaltado en aquel día.
Porque el día del Señor de los Ejércitos pronto vendrá sobre todas las naciones, sí, sobre cada una;
sí, sobre el orgulloso y soberbio, y sobre todo el que se ensalza; y serán abatidos.
Sí, y el día del Señor vendrá sobre todos los cedros del Líbano,
porque son altos y erguidos;
y sobre todas las encinas de Basán;
y sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados;
y sobre todas las naciones que se ensalcen, y sobre todo pueblo;
y sobre toda torre alta,
y sobre todo muro reforzado;
y sobre todos los barcos del mar,
y sobre toda nave de Tarsis,
y sobre todos los panoramas agradables.
Y la altivez del hombre será abatida,
humillada será la soberbia de los hombres;
y solo el Señor será ensalzado en aquel día.
Y quitará por completo los ídolos.
Y los hombres se meterán en las cavernas de las rocas y en las cuevas de la tierra,
porque el temor del Señor caerá sobre ellos
y la gloria de su majestad los herirá,
cuando se levante para estremecer la tierra terriblemente.
En aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro que se ha hecho para adorarlos; para meterse en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de los peñascos, porque el temor del Señor vendrá sobre ellos, y los herirá la majestad de su gloria, cuando se levante para estremecer la tierra terriblemente. Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz; pues, ¿en qué debe ser estimado?