Ahora bien, amados hermanos míos, en vista de que nuestro clemente Dios nos ha dado tan gran conocimiento acerca de estas cosas, acordémonos de él, y dejemos a un lado nuestros pecados, y no inclinemos la cabeza, porque no somos desechados; sin embargo, hemos sido expulsados de la tierra de nuestra herencia; pero se nos ha guiado a una tierra mejor, pues el Señor ha hecho del mar nuestro camino, y nos hallamos en una isla del mar.
Pero grandes son las promesas del Señor para los que se hallan en las islas del mar; por tanto, ya que dice islas, debe haber más que esta, y también las habitan nuestros hermanos. Porque he aquí, el Señor Dios ha llevado a algunos de la casa de Israel, de cuando en cuando, según su voluntad y placer. Y ahora bien, he aquí, el Señor se acuerda de todos los que han sido dispersados; por tanto, se acuerda de nosotros también.
Anímense, pues, vuestros corazones, y recordad que sois libres para obrar por vosotros mismos, para escoger la vía de la muerte interminable, o la vía de la vida eterna. Por tanto, mis amados hermanos, reconciliaos con la voluntad de Dios, y no con la voluntad del diablo y la carne; y recordad, después de haberos reconciliado con Dios, que tan solo en la gracia de Dios, y por ella, sois salvos.
Así pues, Dios os levante de la muerte por el poder de la resurrección, y también de la muerte eterna por el poder de la expiación, a fin de que seáis recibidos en el reino eterno de Dios, para que lo alabéis por medio de la divina gracia. Amén.
Ahora bien, Jacob habló muchas otras cosas a mi pueblo en esa ocasión; sin embargo, solamente he hecho escribir estas cosas, porque lo que he escrito me basta.