Y ocurrió que Riplákish no hizo lo que era recto a los ojos del Señor, porque tuvo muchas esposas y concubinas; e impuso sobre los hombros del pueblo lo que era difícil de sobrellevar; sí, les impuso pesados tributos; y con los tributos construyó muchos suntuosos edificios.
Y se edificó un trono extremadamente hermoso; y construyó muchas prisiones, y a los que no querían sujetarse a los tributos, los echaba en la prisión; y a quienes no podían pagar tributos, los encerraba en la prisión; y hacía que trabajaran continuamente para su sostén; y al que se negaba a trabajar, hacía que lo mataran.
De modo que logró toda su obra exquisita, sí, aun su oro fino hacía que se refinara en la prisión, y hacía que allí fuese elaborada toda suerte de obras preciosas. Y sucedió que afligió al pueblo con sus fornicaciones y sus abominaciones.
Y cuando hubo reinado por el espacio de cuarenta y dos años, el pueblo se levantó en rebelión en contra de él; y empezó a haber guerra otra vez en la tierra, al grado de que mataron a Riplákish, y echaron a sus descendientes de la tierra.