Y sucedió que mandó a la multitud y también a sus discípulos que dejasen de orar; y les mandó que no cesaran de orar en sus corazones.
Y les mandó que se levantaran y se pusieran de pie. Y se levantaron y se pusieron de pie.
Y sucedió que partió pan de nuevo y lo bendijo, y dio de comer a los discípulos.
Y cuando hubieron comido, les mandó que partieran pan, y dieran a la multitud;
y cuando hubieron dado a la multitud, les dio también vino para que bebiesen, y les mandó que dieran a la multitud.
Ahora bien, ni los discípulos ni la multitud habían llevado pan ni vino; pero verdaderamente les dio de comer pan y de beber vino también.
Y les dijo:
“El que come de este pan, come de mi cuerpo para su alma;
y el que bebe de este vino, bebe de mi sangre para su alma;
y su alma nunca tendrá hambre ni sed, sino que será llena.”