Ministerio Mesiánico

Las Bendiciones, las curaciones y oraciones de Jesús

3 Nephi 17:1–4

Jesús se vuelve hacia la multitud y les dice que regresen a sus hogares y reflexionen sobre sus palabras—mientras tanto, él volverá al cielo y visitará a otras tribus perdidas de Israel, pero volverá al día siguiente.

He aquí, sucedió que cuando Jesús hubo hablado estas palabras, de nuevo miró alrededor hacia la multitud, y les dijo:

He aquí, mi tiempo está cerca. Veo que sois débiles, que no podéis comprender todas mis palabras que el Padre me ha mandado que os hable en esta ocasión. Por tanto, id a vuestras casas, y meditad las cosas que os he dicho, y pedid al Padre en mi nombre que podáis entender; y preparad vuestras mentes para mañana, y vendré a vosotros otra vez. Pero ahora voy al Padre, y también voy a mostrarme a las tribus perdidas de Israel, porque no están perdidas para el Padre, pues él sabe a dónde las ha llevado.

3 Nephi 17:5–8

Seeing that the crowd’s disappointment overing hearing Jesus’ announcement of departure, Jesus mercifully offers to heal their sick and afflicted.

Y sucedió que cuando Jesús hubo hablado así, de nuevo dirigió la vista alrededor hacia la multitud, y vio que estaban llorando, y lo miraban fijamente, como si le quisieran pedir que permaneciese un poco más con ellos. Y les dijo:

He aquí, mis entrañas rebosan de compasión por vosotros. ¿Tenéis enfermos entre vosotros? Traedlos aquí. ¿Tenéis cojos, o ciegos, o lisiados, o mutilados, o leprosos, o atrofiados, o sordos, o quienes estén afligidos de manera alguna? Traedlos aquí y yo los sanaré, porque tengo compasión de vosotros; mis entrañas rebosan de misericordia. Pues percibo que deseáis que os muestre lo que he hecho por vuestros hermanos en Jerusalén, porque veo que vuestra fe es suficiente para que yo os sane.

3 Nephi 17:9–10

Al ver la decepción de la multitud al escuchar el anuncio de Jesús sobre su partida, Jesús les ofrece misericordiosamente sanar a sus enfermos y afligidos.

Y sucedió que cuando hubo hablado así, toda la multitud, de común acuerdo, se acercó, con sus enfermos, y sus afligidos, y sus cojos, y sus ciegos, y sus mudos, y todos los que padecían cualquier aflicción; y los sanaba a todos, según se los llevaban. Y todos ellos, tanto los que habían sido sanados, como los que estaban sanos, se postraron a sus pies y lo adoraron; y cuantos, por la multitud pudieron acercarse, le besaron los pies, al grado de que le bañaron los pies con sus lágrimas.

3 Nephi 17:11–12

Los enfermos, lisiados, ciegos y todos los demás afligidos se acercan, y Jesús los sana mientras lo adoran.

Y aconteció que mandó que trajesen a sus niños pequeñitos. De modo que trajeron a sus niños pequeñitos, y los colocaron en el suelo alrededor de él, y Jesús estuvo en medio; y la multitud cedió el paso hasta que todos le fueron traídos.

3 Nephi 17:13

Jesús llama a todos los niños para que se acerquen.

Y aconteció que cuando los hubieron traído a todos, y Jesús estaba en medio, mandó a los de la multitud que se arrodillasen en el suelo.

3 Nephi 17:14

Después de que todos los niños se reúnen cerca, Jesús pide a todos que se arrodillen.

Y sucedió que cuando se hubieron arrodillado en el suelo, gimió Jesús dentro de sí, y dijo:

Padre, turbado estoy por causa de la iniquidad del pueblo de la casa de Israel.

3 Nephi 17:15–17

Jesús comienza a orar y expresa preocupación por la maldad de la gente.

Y cuando hubo pronunciado estas palabras, se arrodilló él mismo también en el suelo; y he aquí, oró al Padre, y las cosas que oró no se pueden escribir, y los de la multitud que lo oyeron, dieron testimonio. Y de esta manera testifican:

Jamás el ojo ha visto ni el oído escuchado, antes de ahora, tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos que Jesús habló al Padre;

y no hay lengua que pueda hablar, ni hombre alguno que pueda escribir, ni corazón de hombre que pueda concebir tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos a Jesús hablar;

y nadie puede conceptuar el gozo que llenó nuestras almas cuando lo oímos rogar por nosotros al Padre.

3 Nephi 17:18–20

Jesús ora por cosas tan maravillosamente espectaculares que no pueden ser escritas.

Y aconteció que cuando Jesús hubo concluido de orar al Padre, se levantó; pero era tan grande el gozo de la multitud, que fueron dominados. Y sucedió que Jesús les habló, y mandó que se levantaran. Y se levantaron del suelo, y les dijo:

Benditos sois a causa de vuestra fe.
Y ahora he aquí, es completo mi gozo.

3 Nephi 17:20–23

Jesús termina su oración, se levanta, y viendo que la multitud está completamente abrumada, les pide que se levanten, diciéndoles que su alegría es completa.

Y cuando hubo dicho estas palabras, lloró, y la multitud dio testimonio de ello; y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y rogó al Padre por ellos. Y cuando hubo hecho esto, lloró de nuevo; y habló a la multitud, y les dijo:

Mirad a vuestros pequeñitos.

3 Nephi 17:24–25

Jesús llora, luego toma a los niños uno por uno y los bendice, diciéndole a la gente que contemple a sus pequeñitos.

Y he aquí, al levantar la vista para ver, dirigieron la mirada al cielo, y vieron abrirse los cielos, y vieron ángeles que descendían del cielo cual si fuera en medio de fuego; y bajaron y cercaron a aquellos pequeñitos, y fueron rodeados de fuego; y los ángeles les ministraron. Y la multitud vio y oyó y dio testimonio; y saben que su testimonio es verdadero, porque todos ellos vieron y oyeron, cada cual por sí mismo; y llegaba su número a unas dos mil quinientas almas; y se componía de hombres, mujeres y niños.