Y he aquí, se abrieron los cielos, y ellos fueron arrebatados al cielo, y oyeron y vieron cosas inefables.
Y se les prohibió hablar; ni tampoco les fue dado el poder para declarar las cosas que vieron y oyeron;
y no supieron decir si estaban en el cuerpo o fuera del cuerpo; porque les pareció como una transfiguración habida en ellos, como que fueron cambiados de este cuerpo de carne a un estado inmortal, de modo que pudieron contemplar las cosas de Dios.
Pero sucedió que de nuevo ejercieron su ministerio sobre la faz de la tierra; sin embargo, no ministraron en cuanto a las cosas que habían visto y oído, por causa del mandamiento que les fue dado en el cielo.
Ahora bien, si fueron mortales o inmortales, desde el día de su transfiguración, no lo sé; pero esto sí sé, según la historia que se ha dado, que salieron sobre la superficie de la tierra, y ministraron a todo el pueblo, agregando a la iglesia a cuantos creían en sus predicaciones, bautizándolos; y cuantos fueron bautizados recibieron el Espíritu Santo.
Y eran arrojados en la prisión por aquellos que no pertenecían a la iglesia. Y las prisiones no podían contenerlos, porque se partían por la mitad. Y eran arrojados en la tierra; pero herían la tierra con la palabra de Dios, de tal modo que por su poder eran librados de las profundidades de la tierra; y, por tanto, no podían cavar fosos de hondura suficiente para contenerlos.
Y tres veces fueron arrojados en un horno, y no recibieron daño alguno. Y dos veces fueron arrojados en un foso de animales feroces; y he aquí, jugaron con las fieras como un niño con un cordero de leche, y no recibieron ningún daño.
Y ocurrió que así anduvieron entre todo el pueblo de Nefi, y predicaron el evangelio de Cristo a todos los habitantes sobre la faz de la tierra; y estos se convirtieron al Señor, y se unieron a la iglesia de Cristo; y así fue bendecido el pueblo de esa generación, según las palabras de Jesús.