Y después que hubimos viajado durante muchos días, plantamos nuestras tiendas. Y mi pueblo quiso que diéramos el nombre de Nefi a ese sitio; por tanto, lo llamamos Nefi.
Y todos los que se hallaban conmigo optaron por llamarse el pueblo de Nefi. Y nos afanamos por cumplir con los juicios, y los estatutos y mandamientos del Señor en todas las cosas, según la ley de Moisés.
Y el Señor estaba con nosotros, y prosperamos en gran manera; porque plantamos semillas, y a cambio, cosechamos abundantemente. Y empezamos a criar rebaños, manadas y animales de toda clase.
Y yo, Nefi, también había traído los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce; y también la esfera o brújula que la mano del Señor había preparado para mi padre, de acuerdo con lo que se ha escrito.
Y aconteció que comenzamos a prosperar en extremo, y a multiplicarnos en el país.
Y yo, Nefi, tomé la espada de Labán, y conforme a ella hice muchas espadas, no fuera que, de algún modo, los del pueblo que ahora se llamaban lamanitas cayeran sobre nosotros y nos destruyeran; porque yo conocía su odio contra mí y mis hijos y aquellos que eran llamados mi pueblo.
Y enseñé a mi pueblo a construir edificios y a trabajar con toda clase de madera, y de hierro, y de cobre, y de bronce, y de acero, y de oro, y de plata y de minerales preciosos que había en gran abundancia.
Y aconteció que yo, Nefi, hice que mi pueblo fuese industrioso y que trabajase con sus manos.
Y yo, Nefi, edifiqué un templo, y lo construí según el modelo del templo de Salomón, salvo que no se construyó de tantos materiales preciosos, pues no se hallaban en esa tierra; por tanto, no se pudo edificar como el templo de Salomón. Pero la manera de su construcción fue semejante a la del templo de Salomón; y su obra fue sumamente hermosa.
Y aconteció que ellos quisieron que yo fuera su rey. Pero yo, Nefi, deseaba que no tuvieran rey; no obstante, hice por ellos cuanto estaba en mi poder.
Y acaeció que yo, Nefi, consagré a Jacob y a José para que fuesen sacerdotes y maestros sobre la tierra de mi pueblo. Y aconteció que vivimos de una manera feliz. Y habían transcurrido treinta años desde que salimos de Jerusalén.