Lehitas en Jerusalén y Arabia

Visiones de Lehi y profecias

1 Nefi 1:4

Lehi, un profeta judío que vive en Jerusalén, se une a otros profetas para advertir a la gente de la inminente destrucción de Jerusalén.

Pues sucedió que al comenzar el primer año del reinado de Sedequías, rey de Judá (mi padre Lehi había morado en Jerusalén toda su vida), llegaron muchos profetas ese mismo año profetizando al pueblo que se arrepintiera, o la gran ciudad de Jerusalén sería destruida.

1 Nefi 1:5

Lehi detiene su predicación, y va a orar a Dios a favor de los ciudadanos de Jerusalén.

Aconteció, por tanto, que mientras iba por su camino, mi padre Lehi oró al Señor, sí, con todo su corazón, a favor de su pueblo.

1 Nefi 1:6

Una columna de fuego marca el comienzo de una espectacular manifestación celestial de dónde sale Lehi abrumado y sacudido.

Y ocurrió que mientras estaba orando al Señor, apareció ante él, sobre una roca, un pilar de fuego; y fue mucho lo que vio y oyó; y se estremeció y tembló extremadamente por las cosas que vio y oyó.

1 Nefi 1:7

Lehi corre a casa a recuperarse de su experiencia.

Y sucedió que volvió a su casa en Jerusalén, y se echó sobre su lecho, dominado por el Espíritu y por las cosas que había visto.

1 Nefi 1:8

Mientras está acostado en su cama, Lehi es envuelto en una visión.

Y dominado de esta manera por el Espíritu, fue arrebatado en una visión, en la que vio abrirse los cielos, y creyó ver a Dios sentado en su trono, rodeado de innumerables concursos de ángeles, en actitud de estar cantando y adorando a su Dios.

1 Nefi 1:8–10

Lehi ve a Dios, los ángeles, a Jesús, y los Doce Apóstoles.

Y dominado de esta manera por el Espíritu, fue arrebatado en una visión, en la que vio abrirse los cielos, y creyó ver a Dios sentado en su trono, rodeado de innumerables concursos de ángeles, en actitud de estar cantando y adorando a su Dios. Y sucedió que vio a Uno que descendía del cielo, y vio que su resplandor era mayor que el del sol al mediodía. Y vio también que lo seguían otros doce, cuyo brillo excedía al de las estrellas del firmamento.

1 Nefi 1:11–13

Los Apóstoles dan a Lehi un libro, lo que confirma la destrucción futura de Jerusalén y la ocupación babilónica.

Y descendieron y avanzaron por la faz de la tierra; y el primero llegó hasta donde estaba mi padre, y le dio un libro y le mandó que lo leyera. Y sucedió que mientras leía, fue lleno del Espíritu del Señor. Y leyó, diciendo: ¡Ay, ay de ti, Jerusalén, porque he visto tus abominaciones! Sí, mi padre leyó muchas cosas concernientes a Jerusalén: que sería destruida, así como sus habitantes; que muchos perecerían por la espada y muchos serí an llevados cautivos a Babilonia.

1 Nefi 1:14–15

Lehi alaba al Señor.

Y acaeció que cuando mi padre hubo leído y visto muchas cosas grandes y maravillosas, prorrumpió en exclamaciones al Señor, tales como: ¡Cuán grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios Todopoderoso! ¡Tu trono se eleva en las alturas de los cielos, y tu poder, y tu bondad y misericordia se extienden sobre todos los habitantes de la tierra; y porque eres misericordioso, no dejarás perecer a los que acudan a ti! Así se expresaba mi padre en alabanzas a su Dios; porque su alma se regocijaba y todo su corazón estaba henchido a causa de las cosas que había visto, sí, que el Señor le había mostrado.

1 Nefi 1:18

Después de la visión, Lehi vuelve a salir y le dice a los ciudadanos el contenido de su visión.

Por lo tanto, quisiera que supieseis que después que el Señor hubo mostrado a mi padre Lehi tantas cosas maravillosas, sí, con respecto a la destrucción de Jerusalén, he aquí, mi padre salió entre el pueblo y empezó a profetizar y a declararles concerniente a lo que él había visto y oído.

1 Nefi 1:19–20

Las personas no aceptan a Lehi, sobre todo, no su llamado al arrepentimiento, sino que se dispusieron a matarlo.

Y aconteció que los judíos se burlaron de él por las cosas que testificó de ellos, porque verdaderamente les testificó de sus maldades y abominaciones; y les dio testimonio de que las cosas que había visto y oído, así como las que había leído en el libro, manifestaban claramente la venida de un Mesías y también la redención del mundo. Y cuando los judíos oyeron esto, se irritaron contra él, sí, tal como contra los profetas de la antigüedad, a quienes habían echado fuera, y apedreado, y matado; y procuraron también quitarle la vida. Pero he aquí, yo, Nefi, os mostraré que las entrañables misericordias del Señor se extienden sobre todos aquellos que, a causa de su fe, él ha escogido, para fortalecerlos, sí, hasta tener el poder de librarse.