Lehitas en Jerusalén y Arabia

La operación encubierta de Nefi

1 Nefi 4:19

Nefi procede a ponerse la ropa de Labán, y a hacerse pasar por él.

Y después que le hube cortado la cabeza con su propia espada, tomé las ropas de Labán y me vestí con ellas, poniéndomelas todas, y me ceñí los lomos con su armadura.

1 Nefi 4:20,35

Nefi, haciéndose pasar por Labán, encuentra al siervo de Labán, Zoram, y le pide que lo lleve al tesoro.

Y cuando hube hecho todo esto, me dirigí al lugar donde se hallaba el tesoro de Labán. Y al acercarme a ese sitio, encontré al siervo de Labán que guardaba las llaves del tesoro, e imitando la voz de su amo, le mandé que me acompañara al lugar del tesoro. Y sucedió que Zoram cobró ánimo al oír las palabras que le hablé. Ahora bien, Zoram era el nombre de este siervo; y prometió que descendería al desierto a donde estaba nuestro padre. Sí, y también nos hizo juramento de que permanecería desde entonces con nosotros.

1 Nefi 4:21–23

Zoram no sospecha nada.

Y él supuso que yo era su amo Labán, pues vio la ropa y también la espada ceñida a mi cintura. Y me habló concerniente a los ancianos de los judíos, porque sabía que su amo Labán había estado entre ellos durante la noche. Y le hablé como si yo hubiese sido Labán.

1 Nefi 4:24–27

Nefi entra donde está el tesoro, obtiene las planchas de bronce, y le pide a Zoram que lo siga. Ellos salen donde están los hermanos de Nefi.

Y también le dije que yo tenía que llevar los grabados, que estaban sobre las planchas de bronce, a mis hermanos mayores que se hallaban del otro lado de las murallas. Y también le mandé que me siguiera. Y creyendo él que me refería a los hermanos de la iglesia, y que era en verdad Labán, a quien yo había matado, me siguió. Y me habló muchas veces acerca de los ancianos de los judíos, mientras me dirigía hacia donde estaban mis hermanos fuera de las murallas.

1 Nefi 4:28–29

Los hermanos de Nefi, al ver a Nefi vestido de Labán, se asustan y empiezan a correr, pero Nefi les llama.

Y aconteció que cuando Lamán me vio, se asustó en extremo, lo mismo que Lemuel y Sam; y huyeron de mi presencia, porque creían que era Labán, y que me había quitado la vida, e iba a matarlos también a ellos. Y aconteció que los llamé, y ellos me oyeron; por tanto, cesaron de huir de mi presencia.

1 Nefi 4:30

Zoram ahora sospecha que Nefi no es Labán, sino que, a su vez, se asusta.

Y cuando el siervo de Labán vio a mis hermanos, empezó a temblar, y estaba a punto de huir de mí y volver a la ciudad de Jerusalén.

1 Nefi 4:31–34

Nefi agarra a Zoram, le dice lo que está pasando, le dice que no se vaya, y le promete un lugar en la familia de Lehi.

Y yo, Nefi, siendo un hombre grande de estatura, y habiendo recibido mucha fuerza del Señor, prendí al siervo de Labán y lo detuve para que no se escapara. Y sucedió que le dije que si quería escuchar mis palabras, así como vive el Señor, y como vivo yo, que si prestaba atención a nuestras palabras, le perdonaríamos la vida. Y le hablé, sí, le hice juramento de que no tenía por qué temer; que sería libre como nosotros si descendía con nosotros al desierto. Y también le dije: Ciertamente el Señor nos ha mandado hacer esto, y ¿no debemos ser diligentes en guardar los mandamientos del Señor? Por lo tanto, si desciendes al desierto adonde está mi padre, habrá lugar para ti entre nosotros.

1 Nefi 4:35–37

Zoram confía en Nefi, y se compromete a quedarse con ellos.

Y sucedió que Zoram cobró ánimo al oír las palabras que le hablé. Ahora bien, Zoram era el nombre de este siervo; y prometió que descendería al desierto a donde estaba nuestro padre. Sí, y también nos hizo juramento de que permanecerí a desde entonces con nosotros. Ahora bien, deseábamos que permaneciera con nosotros por esta razón: que los judíos no supieran de nuestra huida al desierto, no fuera que nos persiguieran y nos destruyeran. Y aconteció que cuando Zoram se juramentó, cesaron nuestros temores con respecto a él.

1 Nefi 4:38

Todos se van de Jerusalén y regresan a su padre en el valle de Lemuel.

Y sucedió que tomamos las planchas de bronce y al siervo de Labán, y partimos para el desierto y viajamos hacia la tienda de nuestro padre.