Y sucedió que vi reunidas a las multitudes de la tierra. Y el ángel me dijo: He aquí tu posteridad, y también la de tus hermanos. Y ocurrió que miré y vi a los de mi posteridad reunidos en multitudes contra la posteridad de mis hermanos; y se hallaban congregados para la batalla.
Y el ángel me habló, diciendo: He aquí la fuente de aguas sucias que tu padre vio; sí, el río del que habló; y sus profundidades son las profundidades del infierno. Y los vapores de tinieblas son las tentaciones del diablo que ciegan los ojos y endurecen el corazón de los hijos de los hombres, y los conducen hacia caminos anchos, de modo que perecen y se pierden. Y el vasto y espacioso edificio que tu padre vio representa las vanas ilusiones y el orgullo de los hijos de los hombres. Y un grande y terrible abismo los separa; sí, la palabra de la justicia del Dios Eterno y el Mesías, que es el Cordero de Dios, de quien el Espíritu Santo da testimonio desde el principio del mundo hasta hoy, y desde ahora y para siempre.
Y mientras el ángel pronunciaba estas palabras, vi que la posteridad de mis hermanos combatía contra la mía, según la palabra del ángel; y a causa del orgullo de mi posteridad y de las tentaciones del diablo, vi que la posteridad de mis hermanos venció a los de mi descendencia. Y aconteció que miré, y vi que los de la posteridad de mis hermanos habían vencido a la mía; y se repartieron en multitudes sobre la superficie de la tierra. Y los vi reunirse en multitudes; y vi entre ellos guerras y rumores de guerras; y en guerras y rumores de guerras, vi pasar muchas generaciones.
Y el ángel me dijo: He aquí que éstos degenerarán en la incredulidad. Y aconteció que vi, que después que hubieron degenerado en la incredulidad, se convirtieron en una gente obscura, repugnante y sucia, llena de ocio y de todo género de abominaciones.