Y sucedió que mandó el rey que todos los hombres abandonaran a sus esposas e hijos, y huyesen de los lamanitas.
Ahora bien, hubo muchos que no quisieron abandonarlos, sino que prefirieron quedarse y perecer con ellos. Y los demás abandonaron a sus esposas e hijos, y huyeron.
Ahora bien, los del pueblo habían jurado en sus corazones que volverían a la tierra de Nefi; y si sus esposas e hijos habían sido asesinados, así como los que se habían quedado con ellos, procurarían vengarse y perecerían también con ellos.
Y el rey les mandó que no volvieran.
Y se enojaron con el rey, e hicieron que padeciera, aun hasta la muerte por fuego.
Y estaban a punto de prender a los sacerdotes también, y quitarles la vida, y estos huyeron de ellos.
Y aconteció que estaban ya para volver a la tierra de Nefi, y dieron con los hombres de Gedeón.