Y estaban a punto de prender a los sacerdotes también, y quitarles la vida, y estos huyeron de ellos. Y el nombre del jefe de esos sacerdotes era Amulón.
Ahora bien, los sacerdotes del rey Noé, avergonzados de volver a la ciudad de Nefi, sí, y temiendo también que el pueblo les matara, no se atrevían a volver a sus esposas y sus hijos.
Y había en Shemlón un paraje donde las hijas de los lamanitas se reunían para cantar, para bailar y para divertirse. Y aconteció que un día se hallaba reunido un reducido número de ellas para cantar y bailar. Y habiendo permanecido en el desierto, y habiendo descubierto a las hijas de los lamanitas, se ocultaron y las acecharon;
y cuando no había más que unas pocas de ellas reunidas para bailar, ellos salieron de sus lugares secretos, y las tomaron y se las llevaron al desierto; sí, se llevaron a veinticuatro de las hijas de los lamanitas al desierto.
Y aconteció que cuando los lamanitas echaron de menos a sus hijas, se enojaron contra los del pueblo de Limhi, pues pensaron que había sido el pueblo de Limhi.
Y he aquí, habían encontrado a aquellos sacerdotes del rey Noé en un paraje que llamaron Amulón; y estos habían empezado a poseer el país de Amulón y a labrar la tierra. Y aconteció que Amulón suplicó a los lamanitas; y envió también a las mujeres de estos sacerdotes, que eran las hijas de los lamanitas, para que abogaran con sus hermanos por que no destruyesen a sus maridos.