Y ahora yo, Nefi, hablo respecto a las profecías de las cuales ha hablado mi padre, concernientes a José, que fue llevado a Egipto. Porque he aquí, él verdaderamente profetizó acerca de toda su posteridad; y no hay muchas profecías mayores que las que él escribió. Y profetizó concerniente a nosotros y nuestras generaciones venideras; y está escrito en las planchas de bronce.
Por tanto, luego que mi padre hubo concluido de hablar concerniente a las profecías de José, llamó a la familia de Lamán, sus hijos y sus hijas, y les dijo:
He aquí, mis hijos e hijas, vosotros que sois los hijos e hijas de mi primogénito, quisiera que escuchaseis mis palabras. Porque el Señor Dios ha dicho que: Al grado que guardéis mis mandamientos, prosperaréis en el país; y si no guardáis mis mandamientos, seréis desechados de mi presencia. Mas he aquí, mis hijos e hijas, no puedo descender a la tumba sin dejar sobre vosotros una bendición; porque he aquí, sé que si sois instruidos en la senda que debéis seguir, no la abandonaréis. Por tanto, si sois maldecidos, he aquí, dejo mi bendición sobre vosotros, para que os sea quitada la maldición, y recaiga sobre la cabeza de vuestros padres. Por tanto, a causa de mi bendición el Señor Dios no permitirá que perezcáis; por tanto, será misericordioso con vosotros y con vuestra posteridad para siempre.
Y aconteció que luego que mi padre hubo concluido de hablar a los hijos de Lamán, hizo venir ante él a los hijos e hijas de Lemuel. Y les habló diciendo:
He aquí, mis hijos e hijas, vosotros que sois hijos e hijas de mi segundo hijo, he aquí, os dejo la misma bendición que dejé a los hijos e hijas de Lamán; por consiguiente, no seréis destruidos por completo, sino que al fin vuestra descendencia será bendecida.
Y ocurrió que cuando mi padre hubo concluido de hablar con ellos, he aquí, se dirigió a los hijos de Ismael, sí, y a todos los de su casa. Y luego que hubo acabado de hablarles, habló a Sam, diciendo:
“Bendito eres tú y tu posteridad, pues heredarás el país, así como tu hermano Nefi; y tu posteridad será contada con la de él; y tú serás aun como tu hermano, y tu posteridad será como la suya, y tú serás bendecido todos tus días.”
Y aconteció que después que mi padre, Lehi, hubo hablado a todos los de su casa, según los sentimientos de su corazón y el Espíritu del Señor que había en él, mi padre envejeció. Y aconteció que murió y fue sepultado.