¡Oh que despertaseis; que despertaseis de ese profundo sueño, sí, del sueño del infierno, y os sacudieseis de las espantosas cadenas que os tienen atados, cadenas que sujetan a los hijos de los hombres a tal grado que son llevados cautivos al eterno abismo de miseria y angustia!
¡Despertad y levantaos del polvo!
¡Escuchad las palabras de un padre tembloroso,
cuyo cuerpo pronto tendréis que entregar
a la fría y silenciosa tumba,
de donde ningún viajero puede volver;
unos días más, y seguiré el camino de toda la tierra!Pero he aquí,
el Señor ha redimido a mi alma del infierno;he visto su gloria,
y estoy para siempre envuelto entre los brazos de su amor.
Y mi deseo es que os acordéis de observar los estatutos y los juicios del Señor; he aquí, esta ha sido la ansiedad de mi alma desde el principio. Mi corazón ha estado agobiado de pesar de cuando en cuando, pues he temido que por la dureza de vuestros corazones, el Señor vuestro Dios viniese en la plenitud de su ira sobre vosotros, y fueseis talados y destruidos para siempre; o que una maldición os sobreviniera por el espacio de muchas generaciones; y fueseis castigados por la espada y por el hambre, y fueseis aborrecidos, y llevados según la voluntad y cautividad del diablo.
¡Oh hijos míos, que no os sucedan estas cosas, sino que seáis un pueblo escogido y favorecido del Señor! Mas he aquí, hágase su voluntad, porque sus vías son para siempre justas. Y él ha dicho: Si guardáis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra; pero si no guardáis mis mandamientos, seréis desechados de mi presencia. Y ahora bien, para que mi alma se regocije en vosotros, y mi corazón salga de este mundo con gozo por causa vuestra, a fin de que no sea yo llevado con pena y dolor a la tumba, levantaos del polvo, hijos míos, y sed hombres, y estad resueltos en una sola voluntad y con un solo corazón, unidos en todas las cosas, para que no descendáis al cautiverio; para que no seáis maldecidos con una grave maldición; ni que tampoco traigáis el desagrado de un Dios justo sobre vosotros para la destrucción, sí, la eterna destrucción del cuerpo y del alma.
Despertad, hijos míos; ceñíos con la armadura de la rectitud.
Sacudíos de las cadenas con las cuales estáis sujetos,
y salid de la obscuridad,
y levantaos del polvo.
No os rebeléis más en contra de vuestro hermano, cuyas manifestaciones han sido gloriosas, y quien ha guardado los mandamientos desde la época en que salimos de Jerusalén; y el cual ha sido un instrumento en las manos de Dios para traernos a la tierra de promisión; porque si no hubiese sido por él, habríamos perecido de hambre en el desierto; no obstante, habéis intentado quitarle la vida; sí, y él ha padecido mucha angustia a causa de vosotros.
Y yo temo y tiemblo en extremo que por causa de vosotros él padezca de nuevo; porque he aquí, lo habéis acusado de que pretendió poder y autoridad sobre vosotros; mas yo sé que él no ha procurado poder ni autoridad sobre vosotros; sino que ha procurado la gloria de Dios y vuestro propio bienestar eterno.
Y habéis murmurado porque él ha sido claro con vosotros. Decís que ha recurrido a la aspereza; decís que se ha enojado con vosotros; mas he aquí, que su severidad fue el rigor del poder de la palabra de Dios que estaba en él; y lo que vosotros llamáis ira fue la verdad, según la que se halla en Dios, la cual él no pudo reprimir, expresándose intrépidamente concerniente a vuestras iniquidades.
Y es menester que el poder de Dios esté con él, aun hasta mandaros que obedezcáis. Mas he aquí, no fue él, sino el Espíritu del Señor que en él estaba, el cual le abrió la boca para que hablara, de modo que no la podía cerrar.
Y ahora bien, hijo mío, Lamán, y también Lemuel y Sam, y también vosotros, hijos míos, que sois hijos de Ismael, he aquí, si escucháis la voz de Nefi, no pereceréis. Y si lo escucháis, os dejo una bendición, sí, mi primera bendición. Pero si no queréis escucharlo, retiro mi primera bendición, sí, mi bendición, y quedará sobre él.
Y ahora te hablo a ti, Zoram: He aquí, tú eres el siervo de Labán; no obstante, has sido traído de la tierra de Jerusalén, y sé que tú eres un amigo fiel de mi hijo Nefi para siempre. Por lo tanto, porque has sido fiel, tu posteridad será bendecida con su posteridad, para que vivan prósperamente por largo tiempo sobre la faz de esta tierra; y nada, a menos que sea la iniquidad entre ellos, dañará ni perturbará su prosperidad sobre la superficie de esta tierra para siempre. Así pues, si guardáis los mandamientos del Señor, él ha consagrado esta tierra para la seguridad de tu posteridad con la de mi hijo.