Y aconteció que me mandó el Señor, por tanto, hice unas planchas de metal para grabar sobre ellas la historia de mi pueblo. Y sobre las planchas que hice, grabé la historia de mi padre, y también nuestros viajes en el desierto y las profecías de mi padre; y también muchas de mis propias profecías he grabado sobre ellas. Y yo no sabía en la ocasión en que las hice que el Señor me mandaría hacer estas planchas; por tanto, la historia de mi padre, y la genealogía de sus padres, y la mayor parte de todo cuanto hicimos en el desierto están grabadas sobre aquellas primeras planchas de que he hablado; de modo que en las primeras planchas ciertamente se hace más particular mención de lo que aconteció antes que yo hiciera éstas.
Por lo que yo, Nefi, grabé una historia sobre las otras planchas, la cual da una relación, o sea, da una relación más detallada de las guerras, y contiendas y destrucciones de mi pueblo. Y esto he hecho, y he mandado a mi pueblo lo que debe hacer cuando yo ya no esté; y que estas planchas deben transmitirse de una generación a otra, o sea, de un profeta a otro, hasta que el Señor mande otra cosa. Y más adelante daré cuenta de cómo hice estas planchas; y ahora bien, he aquí, prosigo de acuerdo con lo que he hablado; y esto lo hago para que se conserven las cosas más sagradas para el conocimiento de mi pueblo. Y yo, Nefi, había llevado los anales de mi pueblo hasta entonces sobre mis planchas, las que yo había hecho.
Sobre las otras planchas se debe grabar la historia del reinado de los reyes, y las guerras y contiendas de mi pueblo; por lo tanto, estas planchas son mayormente para el ministerio; y las otras son principalmente para el reinado de los reyes, y las guerras y contenciones de mi pueblo. Y ahora yo, Nefi, procedo a hacer un relato sobre estas planchas de la historia de mis hechos, y mi reinado y ministerio; así pues, para continuar con mi relación, debo decir algo más acerca de las cosas de mi padre y también de mis hermanos.
Y sucedió que el Señor Dios me dijo: Haz otras planchas; y grabarás sobre ellas muchas cosas que son gratas a mis ojos, para el beneficio de tu pueblo. Por tanto, yo, Nefi, para ser obediente a los mandatos del Señor, fui e hice estas planchas sobre las cuales he grabado estas cosas. Y grabé lo que es agradable a Dios. Y si mi pueblo se complace con las cosas de Dios, se complacerá con mis grabados que están sobre estas planchas. Y si mi pueblo desea saber la parte más particular de la historia de mi pueblo, debe buscarla en mis otras planchas.
Ahora bien, ya que he hablado de estas planchas, he aquí, no son las mismas sobre las que escribo la historia completa de mi pueblo; pues a aquéllas en que hago la relación completa de mi pueblo he dado el nombre de Nefi; y por tanto, se llaman las planchas de Nefi, conforme a mi propio nombre; y estas planchas también se llaman las planchas de Nefi. Sin embargo, he recibido un mandato del Señor de que hiciera estas planchas para el objeto especial de que se grabase una relación del ministerio de mi pueblo. Por tanto, el Señor me ha mandado hacer estas planchas para un sabio propósito suyo, el cual me es desconocido. Pero el Señor sabe todas las cosas desde el principio; por tanto, él prepara la vía para realizar todas sus obras entre los hijos de los hombres; porque, he aquí, él tiene todo poder para el cumplimiento de todas sus palabras. Y así es. Amén.
Y después que hube hecho estas planchas, según me fue mandado, yo, Nefi, recibí el mandamiento de que el ministerio y las profecías, sus partes más claras y preciosas, se escribiesen sobre estas planchas; y que las cosas que fuesen escritas se guardaran para la instrucción de mi pueblo que iba a poseer el país, y también para otros sabios propósitos, los cuales son conocidos al Señor. Sin embargo, no escribo nada sobre planchas a no ser que yo lo considere sagrado. Ahora bien, si yerro, también los de la antigüedad erraron; no que quiera excusarme por causa de otros hombres, sino por motivo de la debilidad que hay en mí, según la carne, quiero disculparme. Porque las cosas que algunos hombres consideran que son de gran valor, tanto para el cuerpo como para el alma, otros las tienen en nada y las huellan bajo sus pies. Sí, hasta al mismo Dios de Israel huellan los hombres bajo sus pies. Digo que lo huellan bajo sus pies, pero me expresaré de otra manera: lo estiman como nada, y no dan oídos a la voz de sus consejos.
Y yo, Nefi, no doy cuenta completa de lo que mi padre ha escrito, porque ha escrito muchas cosas que vio en visiones y sueños; y ha escrito también muchas cosas que profetizó y habló a sus hijos, de las que no daré cuenta entera, sino que haré una relación de los hechos de mi vida. He aquí, haré un compendio de los anales de mi padre sobre planchas que he preparado con mis propias manos; por tanto, después que los haya compendiado, escribiré la historia de mi propia vida.
Ahora bien, yo, Nefi, no doy la genealogía de mis padres en esta parte de mis anales; ni tampoco la daré en ningún otro momento sobre estas planchas que estoy escribiendo, porque se halla en los anales que mi padre ha llevado, y por eso no la escribo en esta obra. Básteme decir que somos descendientes de José. Y no me parece importante ocuparme en una narración completa de todas las cosas de mi padre, porque no se pueden escribir sobre estas planchas, pues deseo el espacio para escribir acerca de las cosas de Dios. Porque toda mi intención es persuadir a los hombres a que vengan al Dios de Abraham, y al Dios de Isaac, y al Dios de Jacob, y sean salvos. De modo que no escribo las cosas que agradan al mundo, sino las que agradan a Dios y a los que no son del mundo. Por tanto, daré un mandamiento a mis descendientes de que no ocupen estas planchas con cosas que no sean de valor para los hijos de los hombres.
Yo, Nefi, nací de buenos padres y recibí, por tanto, alguna instrucción en toda la ciencia de mi padre; y habiendo conocido muchas aflicciones durante el curso de mi vida, siendo, no obstante, altamente favorecido del Señor todos mis días; sí, habiendo logrado un conocimiento grande de la bondad y los misterios de Dios, escribo, por tanto, la historia de los hechos de mi vida. Sí, hago la relación en el lenguaje de mi padre, que se compone de la ciencia de los judíos y el idioma de los egipcios. Y sé que la historia que escribo es verdadera; y la escribo de mi propia mano, con arreglo a mis conocimientos.