Y ahora os leo el resto de los mandamientos de Dios, porque percibo que no están escritos en vuestros corazones; percibo que habéis estudiado y enseñado la iniquidad la mayor parte de vuestras vidas.
Ahora bien, recordaréis que os dije:
Y aconteció que después que Abinadí hubo dado fin a estas palabras, les dijo: ¿Habéis enseñado a este pueblo que debe procurar hacer todas estas cosas, a fin de guardar estos mandamientos? Os digo que no; porque si lo hubieseis hecho, el Señor no habría hecho que yo viniera y profetizara el mal sobre este pueblo.
Ahora bien, habéis dicho que la salvación viene por la ley de Moisés. Yo os digo que es preciso que guardéis la ley de Moisés aún; mas os digo que vendrá el tiempo cuando ya no será necesario guardar la ley de Moisés.
Y además, os digo que la salvación no viene solo por la ley; y si no fuera por la expiación que Dios mismo efectuará por los pecados e iniquidades de los de su pueblo, estos inevitablemente perecerían, a pesar de la ley de Moisés.
Y ahora os digo que se hizo necesario que se diera una ley a los hijos de Israel, sí, una ley muy estricta; porque eran una gente de dura cerviz, presta para hacer el mal y lenta para acordarse del Señor su Dios;
por tanto, les fue dada una ley; sí, una ley de prácticas y ordenanzas, una ley que tenían que observar estrictamente de día en día, para conservar vivo en ellos el recuerdo de Dios y su deber para con él. Mas he aquí, os digo que todas estas cosas eran símbolos de cosas futuras.
Y bien, ¿entendieron la ley? Os digo que no; no todos entendieron la ley; y esto a causa de la dureza de sus corazones; pues no entendían que ningún hombre podía ser salvo sino por medio de la redención de Dios.