...y este dirigió la mirada hacia la tierra de Shemlón, y he aquí que el ejército de los lamanitas estaba ya dentro de las fronteras del país.
Y luego el rey gritó con toda la angustia de su alma, diciendo:
“Gedeón, perdóname la vida, porque los lamanitas están ya sobre nosotros, y nos destruirán; sí, destruirán a mi pueblo.”
Ahora bien, el rey no estaba tan interesado en su pueblo, como en su propia vida; sin embargo, Gedeón le perdonó la vida.
Y el rey mandó al pueblo que huyera delante de los lamanitas, y él mismo salió delante de ellos; y huyeron al desierto con sus mujeres y sus hijos.
Y sucedió que los lamanitas los persiguieron, y los alcanzaron y empezaron a matarlos.
Y sucedió que mandó el rey que todos los hombres abandonaran a sus esposas e hijos, y huyesen de los lamanitas.
Ahora bien, hubo muchos que no quisieron abandonarlos, sino que prefirieron quedarse y perecer con ellos. Y los demás abandonaron a sus esposas e hijos, y huyeron.
Y aconteció que aquellos que permanecieron con sus esposas y sus hijos hicieron que sus bellas hijas avanzaran e intercedieran con los lamanitas para que no los mataran.
Y sucedió que los lamanitas se compadecieron de ellos, porque los cautivó la hermosura de sus mujeres.
De manera que los lamanitas les perdonaron la vida, y los tomaron cautivos y los llevaron de vuelta a la tierra de Nefi, y les permitieron poseer la tierra con la condición de que pusieran al rey Noé en manos de los lamanitas, y que entregaran sus bienes, sí, la mitad de todo lo que poseían: la mitad de su oro, su plata y todas sus cosas preciosas, y así debían pagar tributo al rey de los lamanitas de año en año.
Y aconteció que Gedeón envió hombres al desierto secretamente para buscar al rey y a los que estaban con él; y sucedió que dieron con el pueblo en el desierto, con todos menos el rey y sus sacerdotes.
Y aconteció que dieron con el pueblo en el desierto, con todos menos el rey y sus sacerdotes.
Y aconteció que estaban ya para volver a la tierra de Nefi, y dieron con los hombres de Gedeón.
Y los hombres de Gedeón les refirieron todo lo que había acontecido a sus esposas y sus hijos, y que los lamanitas les habían concedido que poseyeran la tierra, pagándoles como tributo la mitad de todo cuanto poseyeran. Y el pueblo informó a la gente de Gedeón que habían matado al rey, y que sus sacerdotes habían huido de ellos al interior del desierto… y dijeron a Gedeón lo que habían hecho con el rey.
Y aconteció que después de haber terminado la ceremonia, volvieron a la tierra de Nefi, regocijándose porque sus esposas e hijos no habían sido asesinados; y dijeron a Gedeón lo que habían hecho con el rey.
Ahora bien, entre los cautivos se hallaba uno de los hijos del rey, cuyo nombre era Limhi. Y Limhi no deseaba que su padre fuese destruido; sin embargo, Limhi, siendo hombre justo, no ignoraba las iniquidades de su padre.
Y aconteció que después de haber terminado la ceremonia, volvieron a la tierra de Nefi, regocijándose porque sus esposas e hijos no habían sido asesinados; y dijeron a Gedeón lo que habían hecho con el rey. Y aconteció que el rey de los lamanitas les juró que su pueblo no los mataría. Y también Limhi, siendo hijo del rey, habiéndole conferido el pueblo el reino, juró al rey de los lamanitas que su pueblo le pagaría tributo, sí, la mitad de todo lo que poseían.
Y el rey de los lamanitas puso guardias alrededor de la tierra, para retener al pueblo de Limhi, con objeto de que no partiera para el desierto; y mantenía a sus guardias con el tributo que recibía de los nefitas.
Y aconteció que Limhi empezó a instituir el reino y a establecer la paz entre el pueblo.
Y el rey Limhi gozó de paz continua en su reino por el espacio de dos años, porque los lamanitas no los molestaron ni trataron de destruirlos.