Y sucedió que los nefitas deseaban rescatar a los que habían sido llevados cautivos al desierto. Por tanto, aquel que había sido nombrado capitán en jefe de los ejércitos de los nefitas (y se llamaba Zoram, y tenía dos hijos, Lehi y Aha), sabiendo él y sus dos hijos que Alma era el sumo sacerdote de la iglesia, y habiendo oído que tenía el espíritu de profecía, se dirigieron a él y desearon saber de él a dónde quería el Señor que fueran en el desierto en busca de sus hermanos que los lamanitas se habían llevado cautivos.
Y ocurrió que Alma preguntó al Señor concerniente al asunto. Y Alma volvió y les dijo: He aquí, los lamanitas cruzarán el río Sidón en la tierra desierta del sur, bien lejos, más allá de las fronteras de la tierra de Manti. Y he aquí, allí los encontraréis, al este del río Sidón, y allí el Señor os entregará a vuestros hermanos que los lamanitas han llevado cautivos.
Y sucedió que Zoram y sus hijos cruzaron el río Sidón con sus ejércitos y marcharon más allá de las fronteras de Manti, en la tierra desierta del sur que quedaba al este del río Sidón.
Y embistieron a los ejércitos de los lamanitas, y los lamanitas fueron esparcidos y echados al desierto; y rescataron a sus hermanos que los lamanitas se habían llevado, y no se había perdido ni uno solo de los cautivos. Y sus hermanos los llevaron para que poseyeran sus propias tierras. Y así terminó el año undécimo de los jueces, y los lamanitas habían sido echados del país.