El sermón de Alma a la Iglesia en Zarahemla

Venir a Cristo

Alma 5:33

Jesús invita a todos a venir a él.

He aquí, él invita a todos los hombres, pues a todos ellos se extienden los brazos de misericordia, y él dice:

Arrepentíos, y os recibiré.

Alma 5:34–36

Todos los que vienen a Cristo participan de los frutos de la vida eterna.

Sí, dice él:

‘Venid a mí, y participaréis del fruto del árbol de la vida; sí, comeréis y beberéis libremente del pan y de las aguas de la vida;

‘sí, venid a mí y haced obras de rectitud, y no seréis talados y arrojados al fuego. Porque he aquí, el tiempo está cerca en que todo aquel que no diere buen fruto, o sea, el que no hiciere las obras de rectitud, tendrá razón para gritar y lamentarse.’

Alma 5:37–38

Aquellos que no escuchan al Buen Pastor no son sus ovejas.

¡Oh obradores de iniquidad, vosotros que os habéis engreído con las vanidades del mundo, vosotros que habéis declarado conocer las sendas de la rectitud, y, sin embargo, os habéis descarriado como ovejas sin pastor, no obstante que un pastor os ha llamado, y os está llamando aún, pero vosotros no queréis escuchar su voz! He aquí, os digo que el buen pastor os llama; sí, y os llama en su propio nombre, el cual es el nombre de Cristo; y si no queréis dar oídos a la voz del buen pastor, al nombre por el cual sois llamados, he aquí, no sois las ovejas del buen pastor.

Alma 5:39

Si Jesús no es tu Pastor, entonces lo es Satanás.

Y si no sois las ovejas del buen pastor, ¿de qué rebaño sois? He aquí, os digo que el diablo es vuestro pastor, y vosotros sois de su rebaño; y ahora bien, ¿quién puede negarlo? He aquí, os digo que quien niega esto es un embustero e hijo del diablo.

Alma 5:40–42

Todas las cosas buenas provienen de Dios.
Porque os digo que todo lo que es bueno viene de Dios; y todo lo que es malo, del diablo procede. Por lo tanto, si un hombre hace buenas obras, él escucha la voz del buen pastor y lo sigue; pero el que hace malas obras, este se convierte en hijo del diablo, porque escucha su voz y lo sigue. Y el que hace esto tendrá que recibir de él su salario; por consiguiente, recibe como su salario la muerte, en cuanto a las cosas que pertenecen a la rectitud, ya que está muerto a toda buena obra.