Y después que Alma hubo hablado estas palabras, le mandaron preguntar si habían de creer en un Dios para obtener este fruto del cual había hablado, o cómo debían sembrar la semilla, o sea, la palabra a que se había referido, la cual él dijo que debía sembrarse en sus corazones, o de qué manera debían empezar a ejercitar su fe.
Y Alma les dijo:
He aquí, habéis dicho que no podéis adorar a vuestro Dios porque sois echados de vuestras sinagogas. Mas he aquí, os digo que si suponéis que no podéis adorar a Dios, os equivocáis gravemente, y debéis escudriñar las Escrituras; si suponéis que esto es lo que os han enseñado, es que no las entendéis.
¿No recordáis haber leído lo que Zenós, el profeta de la antigüedad, ha dicho concerniente a la oración o adoración? Porque dijo: