Y ahora bien, amados hermanos míos, quisiera que recordaseis estas cosas, y que labraseis vuestra salvación con temor ante Dios; y que no negaseis más la venida de Cristo;
que no contendieseis más en contra del Espíritu Santo, sino que lo recibieseis, y que tomaseis sobre vosotros el nombre de Cristo; que os humillaseis aun hasta el polvo y adoraseis a Dios, en cualquier lugar en que estuviereis, en espíritu y en verdad; y que vivieseis cada día en acción de gracias por las muchas misericordias y bendiciones que él confiere sobre vosotros.
Sí, y también os exhorto, hermanos míos, a estar continuamente prontos para orar para que no seáis desviados por las tentaciones del diablo, para que no os venza, ni lleguéis a ser sus súbditos en el último día; porque he aquí, él no os recompensa con ninguna cosa buena.
Y ahora bien, amados hermanos míos, quisiera exhortaros a que tengáis paciencia, y que soportéis toda clase de aflicciones; que no vituperéis a aquellos que os desechan a causa de vuestra suma pobreza, no sea que lleguéis a ser pecadores como ellos;
sino que tengáis paciencia y soportéis esas congojas, con una firme esperanza de que algún día descansaréis de todas vuestras aflicciones.