La Misión a los zoramitas en Antiónum

Las enseñanzas de los misioneros

Alma 32:1

Los misioneros comienzan a predicar.

Y acaeció que salieron y empezaron a predicar al pueblo la palabra de Dios, entrando en sus sinagogas y en sus casas; sí, y aun predicaron la palabra en sus calles.

Alma 32:2–3

Después de mucho trabajo, comienzan a ver éxito con la demografía de bajos ingresos, a quienes no se les permite adorar con los demás.

Y sucedió que después de trabajar mucho entre ellos, empezaron a tener éxito entre la clase pobre; pues he aquí, estos eran echados de las sinagogas a causa de la pobreza de sus ropas. Por tanto, no les era permitido entrar en sus sinagogas para adorar a Dios porque eran considerados como la hez; por tanto, eran pobres; sí, sus hermanos los consideraban como la escoria; de modo que eran pobres en cuanto a las cosas del mundo, y también eran pobres de corazón.

Alma 38:3–4

Shiblón es capturado y atado, pero él soporta su aflicción con paciencia y fortaleza, confiando en Dios.

Te digo, hijo mío, que ya he tenido gran gozo en ti por razón de tu fidelidad y tu diligencia, tu paciencia y tu longanimidad entre los zoramitas. Porque sé que estuviste atado; sí, y también sé que fuiste apedreado por motivo de la palabra; y sobrellevaste con paciencia todas estas cosas, porque el Señor estaba contigo; y ahora sabes que el Señor te libró.

Alma 32:4

Alma enseña a algunas personas en un cerro llamado cerro Onida, cuando de repente, un gran grupo de personas pobres viene desde atrás.

Y mientras Alma estaba enseñando y hablando al pueblo sobre el cerro Onida, fue a él una gran multitud compuesta de aquellos de quienes hemos estado hablando, de aquellos que eran pobres de corazón a causa de su pobreza en cuanto a las cosas del mundo.

Alma 32:5

La gente pobre explica que no les permiten entrar en las iglesias, y por lo tanto, no tienen manera de adorar.

Y llegaron a Alma; y el principal entre ellos le dijo:

He aquí, ¿qué harán estos, mis hermanos? Pues son despreciados por todos los hombres a causa de su pobreza; sí, y más particularmente por nuestros sacerdotes, porque nos han echado de nuestras sinagogas, que con tanto trabajo hemos edificado con nuestras propias manos; y nos han echado a causa de nuestra suma pobreza; y no tenemos un lugar para adorar a nuestro Dios. He aquí, ¿qué haremos?

Alma 32:6

Alma se voltea, ignora a su audiencia anterior, y dirige su atención hacia las personas pobres.

Y cuando Alma oyó esto, volvió su rostro directamente hacia él, y los observó con gran gozo; porque vio que sus aflicciones realmente los habían humillado, y que se hallaban preparados para oír la palabra.

Alma 32:7

Alma, haciendo caso omiso de los demás, comienza a enseñar a los arrepentidos.

Por tanto, no dijo más a la otra multitud; sino que extendió la mano y clamó a los que veía, aquellos que en verdad estaban arrepentidos, y les dijo: